Antes de arrancar, y brevemente porque no quiero perder tiempo en el jueves para poder explayarme acerca del fin de semana, les cuento que ya tenemos auto. Así es: Focusín ya tiene reemplazante. Se trata de un Dodge negro que fui a buscar con Grant a la agencia de alquiler, y que estrenamos ese mismo día junto a Elen y Caro, para ir a Kooma a despedir a Santosh que se fue a visitar a su familia a India.
Ahora sí, las aventuras del finde, que resultó ser largo gracias al amigo Martin Luther King. Hablando del tema, mientras escribo esto tengo un sueeeeño... =P La cuestión es que el viernes Ari y Lean partieron para Los Angeles, mientras que el resto teníamos pensado salir temprano hacia Nueva York, pasar el día allá y a la madrugada salir para Boston. Pero el clima tenía otros planes... Un alerta de vientos fuertes cerró una autopista, lo cual hizo que nuestro micro nunca llegara, lo cual retrasó nuestra salida 3 horas, lo cual hizo que sólo tuviéramos tiempo para cenar en NY... Una seguidilla de hechos bochornosos, como se dijo alguna vez por ahí...
Gracias a la buena onda del muchacho de la recepción del hotel de Boston, nos dieron la habitación a las 6am, 10 horas antes de lo correspondiente. Nos tiramos un ratito, y a las 8 salimos a desafiar al frío, luego de un nutritivo desayuno en Starbucks (?). El sábado ganamos nosotros, je. A pesar de las bajas temperaturas, recorrimos nuestro barrio, los campus de MIT y Harvard, algunos parques, centros comerciales, y hasta tuvimos tiempo de almorzar con Pachi, que laburaba con nosotros hasta que se casó y se vino a EEUU persiguiendo al amor... O algo así, no hay tiempo para los detalles, jeje.
Cuando cayó el sol (tempranito, por supuesto) tuvimos nuestra merecida siesta, y luego fuimos al barrio italiano a cenar junto con Pachi y su marido, Lucas. Nos costó ubicar un lugar con mesas disponibles, pero finalmente encontramos uno muy bonito, llamado "Panza". No, no voy a hacer ningún chiste al respecto, jeje. Luego fuimos al Liberty Hotel a tomar algo, con la particularidad de que hace 20 años en ese lugar funcionaba una cárcel. No, tampoco voy a hacer chistes con eso, jajaja.
El domingo, en cambio, ganó el frío. El termómetro llegó a marcar -14 ºC (sí, sí, catorce bajo cero) y la sensación térmica descendió hasta los... ¿están preparados? Ok, ahí va: ¡25 bajo cero! Tremendo, definitivamente. Conclusión: no se podía caminar, así que nos encerramos en el Quincy Market, un mercadito lleno de puestos de comida y otras chucherías, que recorrimos 150 veces para no salir a la intemperie, je. Más tarde, nos metimos adentro de otro centro comercial, compuesto por varios edificios interconectados entre sí (ideal para el frío), uno de los cuales tenía un observatorio en el piso 50. Hasta allí subimos con Elen, para tener una vista panorámica de la ciudad, muy copada por cierto.
El próximo paso era ir a cenar a la casa de Pachi y Lucas, pero el muchacho se enfermó y nuestros planes se cancelaron. Por supuesto (porque así es nuestra vida y también porque Elen lo predijo), la cancelación se produjo un rato después de que hubiéramos comprado una gigantesca cheesecake para llevar como postre. De esto no le dijimos nada a Pachuneta, que se está enterando mientras lee estas líneas, jajaja. Ojo, ya nos encargamos del asunto, eh, no te preocupes... =) La moraleja de todo esto es que con el ofri (?) que hacía ya no volvimos a salir del hotel, cenamos en el lobby y a la cama tempranito.
Ayer terminamos de redondear nuestros planes, que incluyeron una visita a un centro cultural (o un tour por una cervecería con degustación incluida, no estoy seguro =P) y otro paseo por los parques. Esta vez, la laguna del Public Garden estaba congelada y aprovechamos para caminar sobre el agua. Grossssso! Recogimos el equipaje y volvimos a la terminal de micros, donde alcanzamos a tomar el bondi anterior al nuestro. Eso nos hubiera dado tiempo para tomar también un colectivo previo en Nueva York y ahorrarnos una hora y media. Llegamos con los minutos contados, nos informaron érroneamente que el bus que buscábamos se había ido, y para cuando nos enteramos que todavía no, ya era tarde... a pesar de mi corrida al estilo hollywoodense (?) Nos tomamos el de las 10, llegamos a la madrugada, y menos mal que Barry se ofreció a buscarnos a la terminal, porque diluviaba cuando bajamos... Ah, horas después de abandonar Boston, la ciudad se tiñó de blanco con una copiosa nevada...
Hoy, con el sueño a cuestas (sobre todo Ari, que aterrizó a las 6 de la mañana, je), fue momento de volver a la rutina... Oficina, shopping, supermercado, y un montón de cosas que ya he contado en otras ocasiones y que por lo tanto no vienen al caso, jajaja... Gracias por estar!!
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