domingo, 31 de julio de 2011

Día 56 y 57 - Mini Las Vegas

Antes que nada, una aclaración importante. Tengo sueño. Mucho. Muchísimo en realidad. ¿Por qué? Más abajo está la respuesta. ¿Qué significa? Que debería irme a dormir en vez de escribir, pero mañana seguro voy a querer hablar de otra cosa, me voy a haber olvidado de lo que hicimos, y además sé que la gente está esperando ansiosamente el post del fin de semana... (?) Ah, no crean que tendrán la creatividad (?) de siempre, por las mismas razones, je.

Salimos ayer tempranito, con rumbo a Atlantic City, más conocida como "Mini-Las Vegas". No tiene el mismo tamaño, la misma cantidad de hoteles, la misma modernidad, el mismo glamour... pero nos queda cerca, jeje. Ahora en serio, para los fanáticos del juego este lugar es el paraíso... o la perdición. Hoteles-casino tamaño monstruo, casi ciudades, que atrapan a los incautos y les hacen perder miles de dólares en segundos. O ganarlos, para luego perderlos nuevamente...

Después de desviarnos un toque del camino por una mala interpretación del GPS (claramente fue su culpa, no la mía, jeje) encontramos bastante tráfico, pero finalmente llegamos. Estacionamos a Focusín en el gigantesco parking del hotel Tropicana y bajamos a la playa. Bastante pedorrona la misma, y aromatizada por un simpático olor a podrido, pero igual nos tiramos a relajarla un rato, nos defendimos del calor con una duchita y nos quedamos ahí hasta la hora de almorzar.

Después de comer volvimos, y más tarde se nos sumó Barry, que junto a Caro se encargaron de hacer el check in en el Borgata (trrrrrremendo hotel) mientras Ari, Elen y yo pasábamos el resto de la tarde en la playa. Aprovecho para pasarle la factura a las chicas, que se fueron a caminar como 2 horas y me dejaron recontra de garpe, jeje. Menos mal que había llevado un libro, sino...

Cuando bajó el sol fuimos para el hotel, luego de superar algunas complicaciones con el GPS, que se trabó, no nos indicaba el camino (¿Vieron? Era su culpa...) y casi nos hace perder de lo lindo. Arribamos, recogimos nuestra llave y subimos a nuestra habitación en el piso 34. Fea vista, jajajaja. Nos bañamos por turnos, ya que éramos 8 en una habitación de 4, obviamente la única forma de soportar el costo del hotel. El resto esperaba abajo, en B Bar, en medio del casino del hotel, que tendría aproximadamente 2.345.801 maquinitas, 492 mesas de ruleta y 1.562 mesas de juegos de cartas (bueno, exageré, pero era grande).

Cuando estuvimos todos listos, partimos hacia el hotel vecino, Harra´s, junto a Malik, Barry, Jen, Mark y Phil, el hijo del otro Mark. Allí asistimos a una fiesta alrededor de la pileta del lugar, previa cena para algunos en la pizzería del hotel. Como comentario, el precio de la entrada cambió 3 veces mientras hacíamos la fila. Vivos, se les llama en mi barrio... No malinterpreten el próximo comentario, la pasamos bien. Peeeeero... Me lo vendieron como LA fiesta del lugar y de la zona, y a decir verdad, los yanquis no saben descocarla... El lugar nunca se llenó, la gente le pone poco y nada de onda, y la música... extraño a La Champions Liga, jeje. Ah, a todo esto, a la fiesta pasó a saludar Kendra Wilkinson (google, por favor...).

A eso de las 2 (sí, sí, a las 2) nos volvimos para Borgata. Ari y Elen se fueron a dormir directo, y el resto dimos una vueltita por el casino para jugar. Yo me senté unos minutos en una máquina de póker, convertí 10 dólares en 18 y me fui a torrar contento. El resto fue cayendo en etapas, pero de eso me ocupo en la catarsis del próximo párrafo...

Ocupé mi lugar en la cama e intenté conciliar el sueño. Cuando casi lo lograba, entraron Jen y Mark al cuarto haciendo un escándalo, porque él se quería volver y ella le decía que duerma y regresara a su casa hoy por la mañana. Estuvieron gritando un rato, pero por suerte volvieron a bajar. Ahí casi logro dormirme, pero aparecieron Caro y Barry. Estos hablaban más despacio, pero compartían la cama conmigo y al parecer no tenían lugar, así que cordialmente me pidieron que me corra. Al rato, ya con Malik (durmió en el piso, crack) y Jen en la habitación, intenté nuevamente pegar los oijtos, pero empezaron los ronquidos (obviamente no voy a mandar al frente al agresor). Cuando me quise dar cuenta, eran las 9.30, no había logrado descansar ni jota y ya estaban todos a los gritos nuevamente. Listo, me descargué, jajajaja.

Bajamos con Ari y Elen a desayunar y de ahí nos fuimos a la pileta cubierta del hotel, que afuera tenía un solarium. Ahí nos encontramos con Mark, su novia Barb, su hijo Phil, y el resto de los compas de la habitación, que durmieron un ratito más y se sumaron, salvo Malik que siguió apostando, je. Con Ari y Elen (Caro se despertó a otro horario y por eso terminó haciendo todo a destiempo de nosotros, igual la seguimos queriendo, je) fuimos a almorzar abajo y después de una breve sobremesa fuimos a la pileta de The Water Club, el hotel de al lado, que era descubierta y tenía mucha más onda. Casi no nos dejan entrar, pero los convencimos o algo así, jeje.

Allí nos quedamos hasta que el sol se escondió atrás del edificio del hotel, para completar un día a pura actividad, jajajaja. Después, pasamos por Starbucks a buscar la merienda, nos cambiamos y emprendimos el viaje de regreso, sin complicaciones con el GPS pero con una demora de más de media hora en uno de los peajes, con colados en doble fila al estilo Buenos Aires, y puteadas o gestos obscenos míos en dirección a los vivarachos. La perlita fue uno que me batió: "No sabía que esto no era una fila, somos de Miami". "Yo soy de Buenos Aires, amigo, y sé que hay filas y que hay que respetarlas", le contesté. 100% argento...

Y así nomás se fue julio, mañana arranca agosto... con novedades???

Me despido diciendo que me voy a dormir, que están invitados a dejar sus comentarios, y como siempre... Gracias por estar!!

viernes, 29 de julio de 2011

Día 55 - Nació Santi!!

Así es. Esta mañana, a eso de las 11.30 hora Wilmington (una más en Buenos Aires), con un peso aproximado de 3,944 kg (chiquito el nene, je) y una altura que ronda los 54cm, se produjo el esperado nacimiento de Santi. Desde aquí nuestros saludos y nuestras más sinceras felicitaciones a mamá Vani, papá Ale, a Adriana y el resto de los abuelos, pero sobre todo a la flamante tía Caro.

Por suerte salió todo bien, y por suerte también el muchacho se dignó a salir de una vez por todas, porque por acá la gente ya se estaba comiendo las uñas, jajaja. Durante las primeras horas de hoy --después de pasar a buscar un nutritivo desayuno por Dunkin Donuts-- el trabajo de parto concentró gran parte de nuestra atención: Carito sin despegarse de su Blackberry, y nosotros tres pidiéndole novedades cada dos minutos, jeje. Finalmente llegó la gran noticia... y todos contentos. Hasta vimos fotos y videos, lo cual demuestra que la tecnología ha avanzado bastante. Es comentario de viejo, pero lo voy a hacer igual: es muy loco pensar que nació un pibe a 8.000 kilómetros de distancia, y a los 2 minutos ya habíamos visto una foto. Listo, lo dije...

En el almuerzo, Ari volvió al departamento y el resto (Elen, Caro, la Blackberry que a esta altura era un integrante más, y yo) subimos al quinto piso a comer ensaladitas y wraps de pollo, el clásico menú, sobre todo si desayunaste donuts o bagels, je. Santosh se nos unió a la mesa, porque no nos gusta tener una silla vacía... (?)

La tarde fue un poco más de lo mismo, ya sin la ansiedad del nacimiento por venir, pero sí con la expectativa constante por novedades, por más mínimas que fueran... Los anuncios llegaron también por otro lado, ya que vino Erica a avisarnos que la otra semana vamos a tener más entrenamiento de Prophet. Bien ahí!! Ah, a todo esto fue el cumpleaños de Tim hoy: pasó bastante desapercibido, pero no tanto como él hubiera querido, porque lo saludamos cuando cruzaba el pasillo, jeje.

Después de la oficina, fuimos con Caro a Walgreens a comprar un poco de comida chatarra, incluyendo un humilde presente para la flamante tía. Más tarde se produjo un evento insólito: después de mucho, pero mucho tiempo, nos cruzamos los 4 al mismo tiempo en el gimnasio. Obviamente, seguimos hablando de Santi, jeje.

Mañana en teoría partimos tempranito para Atlantic City, pero seguramente en vez de irme a dormir en un rato como corresponde, me quede viendo a Del Potro por Internet, así como hace un par de horas miré a la selección sub 20 de fútbol. Soy así, qué le voy a hacer... Gracias por estar!!

jueves, 28 de julio de 2011

Día 54 - Gracias al auto

Tuve la reflexión mientras volvíamos, tarde a la noche. Sin el auto, sin nuestro querido Focusín, nuestra vida en Wilmington sería completamente distinta, seguramente mucho pero mucho peor. La zona en la que estamos muere después de las 5 de la tarde, y con el correr de los días fuimos descubriendo cada vez más y más alternativas, más opciones de cosas para hacer en otras zonas, a las que no llegamos caminando y ni da tomar bondi, je. Por lo menos esto aplica en estos meses de verano, ya veremos qué pasará cuando el frío y la nieve nos saquen las ganas de salir, jeje.

Para poner de manifiesto la utilidad, la necesidad mejor dicho, de contar con un vehículo propio, voy a pasar a relatar la tarde de hoy, ocurrida luego de otro día común y corriente en la oficina, leyendo, leyendo y leyendo.

Con Elen y Ari decidimos ir al cine, en este caso a ver Horrible Bosses, otra de esas películas "para pasar el rato" pero también "para cagarse de risa". Después de una siesta involuntaria en el sillón, bajé al garage, me sumé a las chicas y nos subimos al auto por primera vez. Agarramos la 202, y en un periquete (?) estábamos en la corta fila para sacar las entradas.

Tal como habíamos planeado, nos sobraba tiempo hasta la película, así que volvímos al tutú (segundo viaje) y fuimos a recorrer Target, una de esas gigantescas tiendas multirrubro que tan de moda están acá. La idea era comprar valijas, pero finalmente nada de eso: Elen compró unos zapatos y yo me llevé la biografía de Steven Tyler (aguante Aerosmith!!). Acto seguido, tercer viaje y de vuelta al cine para ver la peli, aunque antes no pudimos evitar la tentación y con Elen nos compramos unos nachos con cheddar para comer durante la movie. Por supuesto que los liquidamos durante los avances. Ahora lo entiendo a Homero... Ah, un detallecito: nunca nadie nos pidió la entrada ni controló que la tuviéramos. ¿Podríamos haber entrado gratis? Eso, es pensar como argentinos, jajaja.

Después de la función emprendimos nuestro cuarto viaje automotor, esta vez rumbo a The Melting Pot, un restaurante de fondue que nos habían recomendado y que también queda sobre la gloriosa 202. Claro, no contábamos con que eran las 10.15 de la madrugada, perdón, de la noche, y por lo tanto la cocina ya estaba recontra cerrada. El encargado se ofreció a prepararnos él mismo un postre, pero no era lo que buscábamos...

Por lo tanto, de vuelta a montarnos en Focusín (quinto viaje, a todo esto llovía bastante) y encaramos de vuelta para el norte, o sea más lejos de casa, hasta recalar en el conocido y siempre dispuesto Friday´s. Ahí le entramos al diente como locos, sólo después de que las chicas terminaron de decidir qué querían comer, jeje. Carne o pollo, camarones para todos, y hubo una que pidió Baileys digestivo...

La noche la cerramos con el sexto viaje, de regreso a The Residences. Vete a descansar, bello azul, has cumplido con tu trabajo... Gracias por estar!!

miércoles, 27 de julio de 2011

Día 53 - Buscando un cajero

Hoy es uno de esos días. Sí, hacer esto cada 24 horas tiene un riesgo importante, y es que muchas veces nos vamos a encontrar con que no hay anécdotas interesantes para contar. Es cierto que más de una vez tiré el chamuyo de que todos los días pasan cosas, pero ustedes y yo saben que no es tan así. Todos los días pasan cosas, mas no que sean dignas de ser contadas. Peeeeero...

Siempre hay un pero. Como me enseñaron los amigos de Paso a Paso (mentira, ya lo sabía de antes, je), cuando los hechos no son lo suficientemente entretenidos, hay que poner el foco en otro lado, para que al menos la historia que uno va a relatar sea amena para (en este caso) el lector y no lo deje con la sensación de haber perdido unos minutos de su vida...

La cuestión es entonces dilucidar con qué lleno estas líneas. Podría contarles de mi proeza en la cinta del gimnasio, donde finalmente alcancé los 10 kilómetros y en apenas 50 minutos, pero sería bastante egoísta de mi parte, así que no. Caro y Elen también fueron al gym (Ari tenía planeado pasar más tarde) y seguramente realizaron sus propias hazañas, pero no las puedo contar sencillamente porque no las sé, jeje.

Del trabajo no hay mucho para contar, el día se nos fue entre lecturas, lecturas, más lecturas, una llamada que tuvo que atender Elen, y un ratito para empezar a preparar el próximo fin de semana. También recibimos la visita de Tu, supervisor del pueblo, que vino a chequear que estuviéramos haciendo las cosas bien y no tuviéramos preguntas de lo que estábamos leyendo. Por ahora no, le respondimos, pero ya vamos a tener... =P

Por descarte, nos queda el almuerzo. Ari se volvió al departamento, así que con Elen y Caro nos fuimos a Cactus Cantina, aquel restaurante mexicano que una vez nos habían recomendado Angela y Héctor. No teníamos del todo claro adónde quedaba, así que fuimos a ciegas hasta que finalmente dimos con el lugar. La decoración era más mexicana que el Chavo, pero la comida era menos mexicana que los bigotes de La Volpe (ex arquero, director técnico, busquen fotos, jeje). Igual comimos bien, y nos llenamos (acabo de darme cuenta que estoy repitiendo mucho este concepto, va a haber que aflojarle al morfi, jeje).

A la salida acompañé a Caro a buscar un cajero. El tema es que era uno en particular, no cualquiera... Pasamos por un Subway en el camino (sí, tenemos Subway a 5 cuadras de la oficina, gran noticia...) y finalmente dimos con el objeto de nuestro interés, que resultó estar en la recepción del Sheraton. El diálogo con el muchacho del mostrador fue desopilante. El tipo nos explicaba que no nos convenía usar ese cajero, que la zona estaba llena de bancos y que justo ese nos cobraba un adicional. Nosotros le retrucábamos que necesitábamos ese sí o sí (nunca entendí por qué, después lo chequeo con Caro, jajaja) pero evidentemente no nos hicimos entender del todo porque el pibe se terminó resignando y nos fletó con un contundente: "el cajero está por allá, suerte". O como diría mi amigo Javi, "nos vemo en los corso". Caro hizo lo suyo y nos retiramos silbando bajito...

Pensándolo bien, no sé si garpa la historia como para que sea el tema principal del día. El problema es que esto ya está escrito, es tardísimo y encima me están presionando por Facebook para que suba el material (igual te banco, eh, jajaja). Así que acá los dejo, espero que mañana pasen cosas más divertidas... Gracias por estar!!

martes, 26 de julio de 2011

Día 52 - Phillies!

En el camino a la oficina tuve que escuchar más quejas que las que leí en Twitter contra el torneo de 38 equipos que se viene (un mamarracho, por cierto, pero no viene al caso). La cuestión es que las "plegarias" de las chicas fueron escuchadas, y cuando encendimos nuestras computadoras teníamos algunos mails al respecto.

El más importante era de Tim, que nos citaba a una reunión para hoy mismo a primera hora. Apuramos el café y nos metimos en su oficina. Antes que nada, chapeau (?) para él por el gesto. El motivo principal del encuentro era ver cómo habíamos reaccionado después del notición de ayer. Sobre todo, dijo, después de ver la cara de Ari cuando lo estaba contando (Qué cara habrá puesto, no? jeje). Además quería saber cuáles eran nuestras preocupaciones, nos respondió algunas de nuestras preguntas y nos explicó por qué no podía respondernos algunas otras. Un crack, la verdad, una lástima que se vaya.

Ah, como si fuera poco dijo que hasta ahora estábamos haciendo las cosas bien. Él sabrá... (?) Para no hacerlo quedar mal, seguimos metiéndole ritmo durante todo el día. Sólo cortamos para almorzar, momento en el cual Caro se fue al departamento y yo me fui con Ari y Elen a Harry´s, a la orilla del río. Es una gran forma de cortar el día comer mirando el agua, y morfamos de lo lindo, pero las siete cuadras de vuelta con el calorcete se nos hicieron interminables...

El evento del día, obviamente al salir del trabajo, tenía lugar en Philadelphia. Hacia allí partimos volando, una vez que se dignaron a traernos el auto (mala onda el del garaje hoy). Por suerte esta vez el tráfico fue mucho menos, así que llegamos con tiempo al Citizens Bank Park, donde finalmente presenciamos un partido de la MLB, algo así como la Primera A del baseball (sin Grondona de por medio, por suerte, jeje).

Fue nuestra segunda experiencia con este deporte, y la diferencia con la anterior, donde vimos un juego de menor categoría, se notó de movida: estadio más grande, mucho más público, la gente vestida con los colores del equipo y comprometida más con el juego que con la comida (ojo, acá también morfan a lo loco) y hasta un cierto mínimo relativo clima de cancha, con abucheos a los rivales y todo. Lo bueno es que el espectáculo fomenta la diversidad: mientras Ari y yo nos dedicamos principalmente a ver el partido, Caro aprovechó para no despegarse de su Blackberry y Elen estuvo dale que te dale charlando con el viejo de al lado (según Ari, era Luis Miguel con unos cuantos años más, no le crean, jajaja). La nota negativa es que Ari no pudo cumplir su sueño de sacarse una foto con el Phanatic, la mascota, una especie de oso hormiguero verde. Otra vez será, creo que vamos a tener que sacar una entrada más cara, jeje.

Al final nuestro equipo (los Phillies) le ganó 7-2 a los Giants de San Francisco y sigue con el mejor récord de la temporada. Ok, esto no le interesa a nadie, pero el periodista deportivo que hay en mí sale a pasear cada tanto, jeje. Cuando terminó el partido nos subimos al auto, volvimos y (calculo) todos a dormir lo antes posible... Gracias por estar!!

lunes, 25 de julio de 2011

Día 51 - Chau Tim

Daba toda la sensación de ser un lunes más. Como todos los días nos encontramos en la puerta del edificio para salir para la oficina. La novedad de la mañana parecía ser el alfajor que les regalé a las chicas como conmemoración de nuestros 50 días en el país. Obviamente no teníamos idea de lo que se venía...

Como cada lunes tuvimos la reunión de equipo, esta vez en un salón más chico, todos apretaditos. Peeero, fue un encuentro distinto. Tim no había estado la semana pasada por vacaciones y por eso arrancó diciendo: "Vamos a hacer esto rápido porque tengo varias cosas para revisar de estos días que no estuve". Hasta ahí todo normal. "Tengo que contarles algo, y quiero que lo escuchen de mí antes que les llegue el rumor", prosiguió, y la intriga se apoderó del lugar. Ahí nomás tiró la bomba...

"Quería contarles que hoy renuncié a la compañía, el viernes que viene es mi último día", tiró. Chan! Si hubiera tenido una cámara a mano, me hubiera gustado filmar las caras de incredulidad de todos y cada uno de los presentes. Después del silencio incómodo, nos contó adónde se iba, nos dijo que después iba a hablar con algunos en privado y dio por terminada la reunión después de algunas preguntas de rigor.

Así fue nomás. Se va el jefe. Todavía no sabemos qué va a pasar, ni siquiera tenemos claro si esto es bueno o malo para nosotros. Lo que sí sabemos es que esto agrega un poquito más de incertidumbre a nuestro futuro, que no era precisamente lo que necesitábamos, jeje. El resto del día laboral, mientras la cabeza nos lo permitió, lo dedicamos a seguir leyendo y a intentar resolver algunos problemas administrativos. No es fácil...

Cuando salimos, con Caro fuimos a comprar algunas cosas a Rite Aid. Al terminar fui a la caja, pasé todos los productos y cuando quise pagar no me aceptó la tarjeta. Probé con otra, pero en el camino la cajera tocó alguna cosa que me anuló todos los descuentos y promociones, y me aumentó bastante el total de la cuenta. "Así no", le dije, emulando a Mirtha Legrand. Acto seguido, la chica volvió a pasar tooooodos los productos para cancelarlos, y luego hizo una tercera vuelta para volver a cobrarlos con descuento. Un garrón, sobre todo para Caro, que había pedido que hiciéramos rápido. Casi... jajaja

Después nos juntamos con Elen y Caro a hacer el clásico intercambio de fotos de los lunes, que hace rato no hacíamos. Más tarde pasamos por el gimnasio los 4, y finalmente cada uno subió a su departamento a hacer la suya. Mañana nos toca partido de baseball por la noche, y durante el día... bueno, imposible saberlo, jeje... Gracias por estar!!

domingo, 24 de julio de 2011

Día 48, 49 y 50 - Cambio de planes

Ya teníamos el hotel reservado. Los bolsos hechos descansaban en el baúl del auto. La familia ya había sido avisada y es más, los que habían quedado afuera estaban lamentándose por no ser de la partida. Incluso yo ya tenía listo y preparado el título con el que iba a contar la historia de este fin de semana. Pero la improvisación y los cambios de marcha parecen ser el sello distintivo de este entusiasta grupo de trabajadores, así que todo lo que teníamos programado para estos días quedó postergado para la próxima y sacamos de la galera una nueva aventura...

Así comenzó la cosa: el viernes, después de otro agotador día en la oficina, agarramos a Focusín y partimos para la casa de Mark en Philadelphia, para tomar algo, supuestamente cenar, después salir, dormir ahí y el sábado a la mañana salir para Atlantic City. Ese era el plan, pero no...

Sí llegamos a lo de Mark, adonde también estaban Barry, Malik, Jen, Anne y Grant (grosos de verdad, sobre todo los dos últimos). Tomamos algo, charlamos un rato, nos reímos mucho, mientras de fondo sonaban a pleno cosas bonitas como Grupo Play o El Retutu (gracias WNK y asociados, la empresa del futuro, jajaja). Bizarra por donde se la mire la escena, pero divertida...

Hablando y hablando, Mark se dio cuenta que tenía una casa alquilada en Avalon, que estaba destinada a su familia, pero que iba a estar disponible hasta el lunes. Avalon es la playa a la que él suele ir, en la que tiene su casa alquilada por toda la temporada junto a un grupo de amigos. La cosa era que había lugar para que nos quedáramos, así que cambiamos la reserva del hotel en AC y decidimos pasar este fin de semana con Mark, Barb (la novia), la familia y los amigos. Gran decisión...

Otro golpe de timón sucedió en la noche del viernes. Ibamos a ir a cenar a Dave & Busters, un lugar donde además de la comida hay juegos de mesa y otros más tipo Sacoa, pero la estábamos pasando demasiado bien y la temperatura no nos permitía movernos de la casa (casi 45º durante la tarde, más de 35º incluso a la noche, una locura), así que finalmente salteamos el morfi y salimos directo a un bar. Ya sin Grant y Anne que se habían ido, cagados de hambre pero sin quejarnos, arrancamos.

Primero fuimos a uno de los bares a los que habíamos ido la otra vez, pero sin aire acondicionado el lugar se nos hizo insostenible. La siguiente parada, por alguna razón que desconozco, fue un bar gay, de los que abundan por la zona. Allí, Mark puso la voz para acompañar al muchacho del piano, y Malik se robó todas las miradas con su camisa rosa y su corbata más rosa todavía...

Ayer por la mañana, nuestro anfitrión fue a la estación a buscar a Phil (su hijo) y Lisa (su sobrina) que llegaron desde Toronto, y todos juntos partimos en un interminable viaje hacia Avalon, con una parada para desayunalmorzar (Real Academia, acá les tiro otra sugerencia, jajaja) y un tráfico que para qué te voy a contar... (?) O sea mucho, jeje. La cuestión es que llegamos, dejamos los bolsos y nos fuimos a conocer la casa que alquilaba el susodicho con los amigos.

Ah, sí, sí, esta gente sí que sabe vivir... Cuando arribamos, estaban todos en el río (la casa de ellos está a unas cuadras de la playa, pero el fondo da a una bahía, con una vista espectacular) a bordo de unos inflables gigantes, con las patas en el agua y una cerveza en la mano (algunos). En el tiempo que se tarda en decir "hola", sacarse la remera y ponerse protector solar, ya estábamos haciéndoles compañía, y no nos costó mucho laburo quedarnos toda la tarde en el río, jeje.

Mientras tanto, algunos de los miembros de la Comunidad se encargaban de preparar la cena, que contó con la presencia de casi 30 personas, tuvo comida en abundancia y de todas las variedades, y nos dejó pipones pipones. Algunos compraron, otros cocinaron, otros prepararon la mesa, otros levantaron, otros limpiaron, todos colaboramos, todos disfrutamos...

El siguiente paso fue salir a bailar a Princeton, un lugarcete cerca de la orilla del mar, aunque antes tuvimos que solucionar un pequeño problema cerrajerístico que casi nos amarga la noche pero finalmente no fue nada. Llegamos al enorme boliche, donde había una banda tocando en vivo y un calor sofocante, a pesar del cual pasamos un buen rato. Cuando cerró el lugar, volvimos caminando y pasamos por lo de Mark, donde todavía había gente despierta, a la que elegimos evitar para quedarnos escuchando cumbia y cuarteto a la orilla del río. Las raíces tiran, jeje...

Esta mañana nos despertamos temprano, Elen y Ari fueron a desayunar, Caro y yo dormimos un ratito más, y cuando estuvimos listos encaramos para lo de Mark. El plan era salir a pasear por ahí en el barco de su hermano. Pero no... Un nuevo cambio de rumbo, esta vez dictado por la Madre Naturaleza... Al mediodía, después de pasar un rato relajando en los flotantes mientras los miembros de la casa se despertaban, el cielo se empezó a nublar...

Mientras almorzábamos los restos de la noche anterior, nos enteramos que el paseo en bote se había cancelado por la probabilidad de una tormenta eléctrica. Proabiblidad que se confirmó minutos más tarde... Primero nos sentamos en un balconcito a mirar el espectáculo de relámpagos, truenos y rayos, pero cuando estos últimos empezaron a picar más cerca, decidimos refugiarnos bajo techo. Prudencia que le llaman, jeje. Al rato empezó el diluvio, la inundación, y la tormenta perfecta... Sin lugar adonde ir, algunos optaron por mirar la tele (estaban pasando Día de la Independencia, película que todavía no vi) y otros bajaron para un mini recital de piano de una de las chicas.

Cuando aflojó un cachito el agua, decidimos que para mirar la tele mejor era hacerlo en Wilmington, y que mejor abandonar Avalon antes de que se inunde, así que partimos antes de lo previsto. Obviamente Murphy volvió a decir presente, y unos minutos después de arrancar la lluvia volvió a hacerse fuerte. Por suerte fueron sólo unos minutos, hasta que nos alejamos de ahí y las gotas le dieron paso al sol. Con ayuda del GPS manejado por Ari, tomé el volante y deposité al equipo en The Residences bastante antes de lo usual. En mi caso aproveché la legada temprano para tomarme unos mates y hablar mucho por Skype, no sé que habrán hecho las chicas...

Atlantic City quedó para otra ocasión, pero antes de eso viene una nueva semana cargada de trabajo y tal vez de novedades... Gracias por estar!!


jueves, 21 de julio de 2011

Día 47 - Tres deseos

Como el título lo indica, hoy fue el turno de celebrar los cumpleaños del mes, en el salón de conferencias del cuarto piso. Ya más cancheros en nuestra segunda edición (no como Gina y Tim, los pasantes, que debutaban en el evento, jeje), pero sin la presencia de Ari que decidió quedarse, arrasamos con cuanta torta se nos pusiera en el camino. Ni se cantó el feliz cumpleaños --de hecho tuve que preguntar a quién estábamos agasajando-- ni dieron un discurso los homenajeados, ni se soplaron las velitas, ni se brindó, tal vez porque no había nada para tomar, jeje. La excusa eran los aniversarios de nacimiento, y el objetivo era morfar. Vaya si lo cumplimos...

Antes y después, la rutina laboral fue más o menos la que ya conocen los fieles seguidores de este espacio, que dicho sea de paso ha superado las 2.000 visitas. A los que no están familiarizados con nuestros quehaceres laborales habituales, los invito a leer los posts anteriores, jajajaja. En el almuerzo, Ari fue la única que se atrevió a enfrentar los más de 35º de temperatura y más de 40º de térmica, para ir a almorzar al departamento. Con Caro y Elen nos quedamos en la cafetería, pedimos ensaladitas y wraps, y luego bajamos al jardín que rodea al edificio, a charlar un rato mientras nos derretíamos con el calor, aunque es justo decir que a la sombra y con algo de vientito no era taaaaan terrible.

After office, Ari y Elen volvieron a The Residences para ir al gym y prepararse para el viaje del fin de semana, mientras que Caro y yo agarramos el auto y enfilamos para Kooma (aquel lugar muy tranqui, donde se come sushi, que a los chicos les encanta pero a mí no termina de convencerme) para ir a tomar algo con la gente. Estábamos citados 5.30, pero como nos tocó salir más tarde de la oficina recién pudimos llegar 5.50. Así y todo, fuimos los primeros cómodos, incluso sabiendo que Barry y Murali habían salido antes que nosotros del edificio. Problemas con el auto, fue lo que alegaron cuando cayeron 6.15 con Jen, un par de minutos antes de que nos cansáramos de esperar y nos fuéramos.

Pero no, nos quedamos. Después llegó Santosh, Ele (no Elen, Ele, un muchacho africano que labura con nosotros y vive en nuestro edificio, a no confundir, jeje), Alexis con el amigo paquistaní, y una pareja más grande, que realmente no conozco. Nos tomamos una cerveza y nos volvimos tempranito. Caro pasó por el gimnasio (supongo) y yo la iba a acompañar, pero esta vez el Skype me atrapó a mí... Sólo aflojé un rato para cenar y para planchar, lo que me llevó a la siguiente reflexión: ¿existe la plancha inalámbrica? Si es así me vendría bárbaro una... =P

Antes de finalizar, un par de aclaraciones o feses (?) de erratas, para armonizar la convivencia con mis angelitos. Ayer no mencioné que Elen también fue al gimnasio, y también por tercer día consecutivo (si llegaste a ir hoy son 4 al hilo, bien vos...). Por otro lado, el martes dudé de que las chicas hubieran visto Uruguay-Perú, pero hice mal en sospechar porque Ari lo miró y Caro también, aunque en su caso fue por fiaca de cambiar de canal, jajaja.

No me canso de repetirlo, sea la hora que sea... Gracias por estar!!

miércoles, 20 de julio de 2011

Día 46 - Giorno del amico

Guau, qué blog internacional es este, jajaja... Sí, como se imaginan, el título es la traducción al italiano de "día del amigo", que se celebró en el día de la fecha en Argentina y unos cuantos países más (?)... No, la traducción no la hizo Caro, la especialista en el tema, sino que se encargó del asunto el traductor de Google. No queríamos molestar a la experta por tan poca cosa, jeje. ¿Por qué en italiano, y no en chino, arameo, bengalí o rumano? Cuestión gastronómica nomás...

El día de oficina anduvo por los carriles habituales, leyendo mucho, preguntando, interiorizandonos... Lo dije varias veces pero lo repito por las dudas: no es que no trabajemos, gente, únicamente que en esos momentos no sacamos fotos y no generamos anécdotas para contar en el blog. Si alguno tiene alguna duda, lo invitamos a darse una vueltita por Wilmington y lo comprueba, jeje. Para almorzar, teniendo en cuenta la fecha, volvimos a nuestros departamentos a Skypear (atención Real Academia, es un gran verbo este, deberían incluirlo...) con nuestros amigos. Obviamente, ley de Murphy mediante, no encontré a ninguno conectado...

Después del laburo nos dividimos: Ari y Elen al supermercado, yo me fui al gimnasio (tres días seguidos, hace rato que no le metía esta frecuencia). Caro me iba a acompañar, pero la secuestró el Skype y no la largó hasta la hora de la cena... Cena que fue en este caso salida a cenar, para celebrar la ocasión. No contamos con nuestros amigos más cercanos a disposición pero nos tenemos los unos a los otros, y el hecho de que en 46 días no nos hayamos matado habla mucho acerca de nuestra relación, jajaja. De modo tal que agarramos a Focusín, tomamos la 202 y enfilamos para Olive Garden, un restaurante italiano que nos había recomendado Carole. (Ah, italiano, por eso el título está en... ahora lo entendí, muy bueno... En fin...)

Cuando llegamos, nos dio la impresión de que el lugar estaba vacío. La lógica deductiva indicaba precios altos o comida not so good. Leímos la carta, rechazamos la primera hipótesis y decidimos quedarnos. Gran acierto. Al final había gente, y resultó ser que comimos mucho y muy bien. Con el pancito y las entradas (rabas y unos hongos rellenos) ya estábamos pipones, pipones. Pero show must go on, así que nos trajeron a cada uno un tremendo plato de pastas (primera vez que comemos pastas como la gente desde que llegamos) a cada uno, con diferentes salsas y diferentes porquerías arriba, como ser frutos de mar, camarones o pollo. La excepción fue Caro, que pidió una mini lasagna, mini milanesa de muzzarella, y mini fideos, que en conjunto era una enormidad de porción.

Conclusión: por suerte te dejan llevarte los restos, creo que tenemos resuelto el almuerzo de mañana, jeje. Segunda conclusión: no es fácil estar lejos de los amigos, mucho menos en un día así, pero se sobrelleva mejor cuando está con buena compañía... Gracias por estar!!

martes, 19 de julio de 2011

Día 45 - El Evento

Mientras escribo estas líneas, en Argentina se empieza a festejar el día del amigo. Aunque ya lo hice por varios medios con algunos y lo seguiré haciendo mañana, aprovecho esta ocasión para saludar a todos mis amigos: a los de siempre, a los incondicionales, a los nuevos que parece que conociera de toda la vida, y a los que no veo nunca pero sé que siempre están... Feliz día, amigos!!

Ahora sí, a lo que nos ocupa... (?)

La mañana de hoy fue distinta para mí, ya que, al igual que les había pasado en su momento a las chicas, me tocó asistir a una llamada telefónica en conferencia, para escuchar los avances del proyecto en algún país perdido por ahí en el mapa... al cual tal vez tenga que visitar de acá a un tiempito, je. Nada demasiado resonante para contar, pero al menos fue una experiencia distinta, interesante...

El almuerzo fue con comida mexicana, burrito para algunos, taco para otros. En el camino nos encontramos con Angela y un par más, que nos recomendaron otro restaurante azteca que según parece está mejor... Hoy veníamos decididos a encarar para Qdoba, pero la próxima no se nos escapa el Cactus nosecuanto, jeje

Por la tarde llegó el momento de "El Evento". Hace unos días lo venían publicitando en los pasillos de la oficina y las chicas estaban emocionadísimas. Sobre todo cuando se enteraron que regalaban Snoopys de peluche (el simpático perrito es la cara de la empresa) y más aún cuando descubrieron que había helado, jeje. Lo que ninguno tenía idea era de qué iba la cuestión, de qué se trataba todo este asunto.

El tema es que fuimos... y seguimos sin saber de qué se trató, jajaja. Sólo les puedo contar que subimos, que nos tomamos nuestro heladete, recogimos nuestro peluche (tengo que ver a quién le regalo el mío, je), pusimos nuestros nombres para un sorteo que no tenemos idea cuándo se hará, y nos enteramos (o no) de unas cuantas actividades programadas para conectar a los empleados, o algo así... No lo necesitamos, nos dimos cuenta que conocemos más gente de lo que pensábamos, jeje.

Después de la oficina, salimos de compras, aunque por suerte esta vez fue tecnología y libros, rubros bastante más afines a mi gusto que la ropa, jeje. Agarramos bastante tráfico a la ida, bastante lluvia a la vuelta, y bastantes compras en el medio, jeje.

Más tarde, tendríamos que habernos juntado a cenar y a ver el partido de Argentina, pero el resultado del sábado nos alteró un poquito los planes, así que fuimos al gimnasio (tres de los cuatro) y luego cada uno morfó por su cuenta. Yo vi la semifinal, dudo mucho que las chicas lo hayan hecho... =P

Hoy más que nunca... gracias por estar!!

lunes, 18 de julio de 2011

Día 44 - Rutina

Una de las cosas que más me gusta de escribir estas líneas diariamente (voy a decir una pelotudez, aclaro antes de arrancar para no ilusionarlos, jeje) es poder jugar con los títulos, meterle doble sentido a la cuestión o hacerlos pensar que la historia va para un lado cuando en realidad va para otro.

Es el caso de hoy, o al menos era la idea, jeje. Si alguien ve el título "Rutina" en una entrada de lunes, sobre todo si está en Buenos Aires donde según me cuentan llovió todo el día, la primera imagen que se le debería venir a la cabeza es que voy a describir un día como cualquier otro, gris, haciendo lo de siempre en la oficina y sin mucho para contar en el resto del día. Bueno, eso es cierto... pero sólo en parte, je.

Sí fue un día como cualquier otro en el trabajo, salvo por el hecho de que ante la ausencia de Tim no tuvimos la reunión de equipo habitual. Algunos problemitas tecnológicos por la mañana, mucha lectura durante todo el día, y un almuerzo en el quinto piso que no dejó demasiado para contar, salvo otra anécdota de fin de semana del amigo Malik... (No entra acá porque si sigue a este ritmo voy a escribir un libro con las peripecias de este muchacho, jeje). De gris tuvo poco y nada la jornada, porque tuvimos sol casi todo el día, acompañado por una temperatura superior a los 150ºC, o así se sentía en la calle por lo menos.

También fue repetitivo el viaje al supermercado post oficina. Esta vez nos tocó a Caro y a mí reponer provisiones, en mi caso creo que compré comida chatarra para un año y medio, aunque seguramente me dure dos semanas, jeje. Más tarde para mí fue el turno de Skype y planchado, dos de mis tareas de siempre, o casi.

Pero decía que lo de "Rutina" iba por otro lado, algo distinto... Cuando volvimos de Shop Rite, con Caro bajamos al gimnasio a quemar las calorías que habíamos comprado, jeje (En teoría, Ari y Elen visitaron el lugar mientras nosotros estábamos comprando... En teoría, je). Acostumbrada a pasar horas y horas en el elíptico, esta vez la niña decidió diversificarse y para eso le pidió ayuda al profe (?) Diego, que le diseñó un efectivo programa de ejercicios. El mismo consistía en: un montón de máquinas que entre los dos no supimos cómo hacerlas funcionar y/o cambiarlas de posición, unos cuantos aparetejos que no le gustaron, le aburrieron rápido o no le trabajaban como correspondía, y una pasada por el banco de abdominales, donde hizo... 2 repeticiones... Algo me dice que la próxima vuelve al elíptico...

(Sé que voy a ser golpeado salvajemente por este relato, pero mi deber es informar al pueblo, jajajaja)

Mañana tal vez tengamos novedades, o tal vez no, saben cómo es esto, jeje... Gracias por estar!!

domingo, 17 de julio de 2011

Día 42 y 43 - Playa... de estacionamiento

Se fue otro fin de semana, y según el consenso general se nos pasó bastante rápido. Al momento de buscar explicaciones para esto, una de las hipótesis es que tuvimos pocas horas de playa, bastante menos, por ejemplo, que el weekend pasado. ¿Por qué? Bueno, quedate y leelo... =)

El sábado nos levantamos todos tempranito y... Ah, no, cierto que tuve que ir a golpear la puerta de la 509 para despertar a su ocupante, jeje. Ahí sí, cuando la susodicha se despegó la almohada, se cambió y bajó, a eso de las 7.15, enfilamos para Rehoboth (o Rehobooth, no sé) Beach, una de las playas al sur de Delaware. Llegamos tempranito y nos dedicamos a buscar alojamiento para pasar la noche, luego de intentar entender el parquímetro (nos costó bastante, jeje).

Después de unos cuantos intentos fallidos (el único lugar que tenía disponibilidad tenía demasiado nivel y nos quería cobrar una fortuna), decidimos postergar la búsqueda y nos fuimos a la playa. La Bristol, un poroto, je. Estaba llena de gente, el agua era fría y llena de conchillas, y no tenía nada especial para ofrecer. Ojo, la ciudad en sí es hermosa, muy pintoresca, valió la pena visitarla.

Cuando el sol se puso insoportable, volvimos al auto y enfilamos para Dewey Beach, la playa vecina, donde en teoría (luego comprobada) hay más juventud, más onda. Ya nos estábamos resignando a dormir en un hotel de la ruta, en el momento en el que encontramos el "Sea Esta Hotel" (se pronuncia si-esta, el nombre es glorioso, jeje), una bonita pocilga que nos albergó por unas horas. Dejamos los bolsos y nos fuimos a almorzar al restaurante de la otra cuadra: yo la pegué con el menú, las chicas no lo disfrutaron tanto.

Volvimos a la playa, esta vez a Dewey obviamente, y estuvimos otro rato hasta que se hizo la hora del partido. Ahí Ari, Elen y yo fuimos a comprar galletitas para el mate y nos clavamos a sufrir un par de horitas... (ay, la selección). Mientras tanto, afuera lo´ pibe´ estaban escabiando, cagándose de risa y hasta ¡tocando la gaita! La conclusión es que en vez de ver la Copa América podríamos haber aprovechado un poco más la arena, y de yapa nos hubiéramos ahorrado a los giles esos, jajaja...

Nos bañamos, paseamos un ratito por el centro de Dewey y agarramos a Focusín para ir a cenar a Rehoboth. Fue sushi el menú, en una terracita muy linda en una ciudad casi vacía. Al volver, Caro y Elen se fueron a dormir, Ari y yo pasamos un ratito por un bar a tomar algo, pero acá las cosas cierran a la 1 y caímos 12.45...

Hoy nos fuimos despertando en etapas y nos mandamos para la arena. A las 11 hicimos el checkout, después de una pequeña zozobra porque no aparecían las llaves del auto, y volvimos a la playa, donde Ari finalmente se animó a meterse al agua a pesar de sus dudas, jeje.

La tarde se empezó a nublar, y eso allanó las conciencias de las chicas para poder ir (y arrastrarme con ellas, desde ya) a pasar la tarde a Tanger Outlets, un shopping de por ahí. Tres locaciones distintas, casi 5 horas de compras que nos dejaron (al menos a mí) completamente agotado. Íbamos a cenar antes de volver, pero el conductor priorizó llegar temprano a casita antes que calmarles el hambre a las fieras... =)

Mañana arranca otra semana, con Tim de vacaciones pero con la misma intensidad... Gracias por estar!!

viernes, 15 de julio de 2011

Día 41 - A dormir tempranito

Las chicas, a mí no me sale, jeje...

Otro día en la oficina, otra jornada a pura lectura, sumergidos en los productos de nuestros respectivos posibles destinos, que tal vez se vean modificados en breve... O no, quién sabe, jeje... La que tuvo una mañana distinta fue Caro, que se la pasó encerrada en una salita, atendiendo a una llamada, con la cual si le entendí bien no tenía demasiada relación en lo laboral, sino que fue más como traductora italiano-inglés... Bien, Bambina... jeje

Para almorzar, Jen y los chicos nos invitaron a Iron Hill, aquel restaurante en la orilla del río al que ya fuimos un par de veces. Caro fue en el auto con Jen y con Dushyant, un chico que labura en el piso de ella. Con Ari y Elen decidimos meterle más glamour: Barry fue al edificio, buscó su BMW blanco descapotable, y salimos a toda máquina por las calles de Wilmi como si estuviéramos en una película.

Allá nos encontramos con Malik, Santosh y Murali, y todos juntos disfrutamos un agradable almuerzo bajo techo (afuera no se podía estar del calor que hacía, jeje). Hamburguesas para unos, ensaladas para otros, una sopa o similar con frutos de mar, fueron algunos de los platos atacados en esta ocasión.

Por la tarde, además de proseguir con nuestros quehaceres, nos quedamos charlando un rato con Melina, la hija mayor de Tim, que fue a visitar al padre a la oficina y tenía que hacer tiempo mientras él tenía un par de reuniones, así que le hicimos compañía. Una genia la niña!

Por la tarde estaba flotando la idea de salir, que finalmente no tuvo quórum por el cansancio acumulado y por el viajecito a la playa que se nos viene, saliendo mañana temprano y sin tener todavía hotel reservado, por lo que tal vez tengamos que ir y volver en el día, jeje.

Antes de cerrar esta breve entrada, un comentario sobre el polémico post del partido de baseball. El señor Lean me aporta un dato interesante, y es que el título de la fecha era "Lanza la bola, chico", dándose a entender claramente que se trataba de un partido de baseball. No sé cómo no se dieron cuenta... =P

Así es entonces que después de un poco de redes sociales (Skype, Twitter, Facebook, etc) voy a ponerme a armar el bolso y a dormir las pocas horas que me quedan. Como dije al principio, esto de dormir temprano no es para mí, se ve... Gracias por estar!!

jueves, 14 de julio de 2011

Día 40 - Bono, la mejor inversión

Pará. No empieces a leer todavía. Volvé al título un segundito. Lo viste bien? Olvidate del jueguito de palabras sin sentido y concentrate en la otra parte. Listo? Bueno, yo tampoco lo puedo creer. Hace ¡40! días que estamos acá en Wilmington... Cómo pasa el tiempo, che... Parece que fue ayer cuando dejamos las valijas en The Residences y salimos a caminar apichonaditos buscando algún lugar donde almorzar. Sepan disculpar la nostalgia, pero lo cierto es que a pesar de que se extraña bastante salta a la vista que estamos bastante más adaptados que en aquel entonces.

Hoy, sin ir más lejos, junto con Ari y Elen (Caro quedó en el pueblucho teóricamente) nos fuimos a Philadelphia a ver el recital de U2 con la misma naturalidad con la que hace unas semanas lo hubiéramos hecho en el Monumental, el Único de La Plata o el Autódromo. La 95 Norte estaba cargada al estilo General Paz a las 6 de la tarde, y hasta hicimos alguna picardía criolla en el camino para ahorrarnos unos minutos (sí, cuando lo hacen los demás está mal, cuando lo hacemos nosotros se llama picardía, así funciona la cosa, jeje).

Llegamos al Lincoln Financial Field con lo justo y Ari terminó de estacionar el auto (con ayuda del dueño del coche de al lado, pero lo hizo muy bien porque había muy poco lugar) a las 7.10 cuando creíamos que el concierto empezaba 7.15. Sin embargo, extrañamente la gente parecía muy tranquila, no entraban al complejo sino que se quedaban comiendo y tomando con sillas y mesas instaladas en el estacionamiento... Una postal, realmente...

Ocupamos nuestros asientos y averiguamos que el recital estaba un poquito demorado. Tanto, que ni siquiera había salido a tocar Interpol, la banda soporte. Por lo tanto, decidimos explorar los pasillos para continuar con nuestra dieta estricta, estricta, estricta. Esta vez tocó hot dogs (en el barrio le decimos panchos, je), papas fritas, nachos y cerveza. Todo light, por supuesto, jajaja.

De a poquito se fue llenando el estadio, y a las 9.15 cuando salieron a tocar los muchachos irlandeses, no cabía un alfiler (qué frase antigua, jeje). A los que ya vieron alguna vez a U2 no tengo que explicarles nada. Al resto les cuento que tocaron todos los clásicos (creo, la verdad que no soy tan fanático de la banda, je) y que visualmente es uno de los 2 ó 3 mejores shows que he visto. Una estructura escenográfica monstruosa, un despliegue de luces impresionante, una pantalla muy grosa y la sensación de estar metido adentro de un DVD... (?) Ah, el último tema fue el feliz cumpleaños, dedicado a Nelson Mandela. Sí, tal cual como lo escuchan...

Terminado el recital, salimos corriendo para evitar el mar de autos, creo que nunca había visto tantos vehículos juntos. Por alguna razón metafísica desconocida lo logramos, subimos a la autopista en un par de minutos, y en tan solo media horita estábamos de vuelta en casa, cuando el viaje de ida nos había llevado casi una hora y media. Claro, nadie quiere ir a Wilmington a las 12 de la noche, jeje.

Suena un poco repetitivo tal vez, pero recibo tantas muestras de apoyo por el simple hecho de escribir estas humildes líneas que no puedo dejar de mencionarlo... Gracias por estar!!

miércoles, 13 de julio de 2011

Día 39 - Divididos

Pasó lo que tenía que pasar. Finalmente. La verdad es que no daba para más. Ya era hora. Iba siendo el momento nomás. Hay que decirlo: el grupo se separó...

Epa, no se asusten... Sólo fue por un par de horitas y por una causa noble... (?)

Arranquemos por el principio, cronologísticamente... (?) Nos levantamos tempranito como siempre, y por esas casualidades de la vida llegamos todos al mismo tiempo al encuentro de la planta baja para ir a la oficina... El día laboral transcurrió por los carriles habituales, es decir mucha lectura... La nota la dio el almuerzo, en el que Angela nos llevó, junto a un par más de nuestros compañeritos, a comer salmón al hotel DuPont... Muy buena la comida, relativamente barata, y muy agradable el momento... Ni siquiera una pequeña llovizna pudo arruinar la ocasión...

Después de una tarde bastante similar a lo que había sido la mañana, se produjo la bifurcación. Elen y Ari fueron al supermercado y a realizar tareas domésticas a sus departamentos, mientras que Caro y yo partimos hacia Firestone, a tomar algo con Barry, Malik, Santosh, Murali, Jen, y un par de muñecos más que fueron apareciendo con el correr de las horas. No hay nada que hacer, el barcito este es la mejor opción de la ciudad para una tarde soleada de verano.

Cuando terminaron sus quehaceres, las chicas fueron a cenar con algunos otros de nuestros compañeritos de trabajo. Íbamos a acompañarlas, pero nos demoramos en nuestro compromiso y no pudimos hacernos presentes. Una lástima, pero por suerte todos terminamos pasándola bien en nuestras respectivas actividades. Después de la cena, Ari y Elen nos pasaron a buscar, ya que ellas eran las que tenían el auto en su poder. Se quedaron un rato, y luego emprendimos el camino de regreso al departamento.

Mañana es jueves, y se nos viene un gran evento, pero no es el momento de comunicarlo, así que tengan paciencia, jeje... Gracias por estar!!

martes, 12 de julio de 2011

Día 38 - Que vengan los bomberos

Me desperté sobresaltado por un ruido fuerte. Lo primero que pensé es que se trataba del despertador de la radio, y sentí que no había dormido lo suficiente. Dos segundos más tarde, cuando la sirena ya me había perforado los tímpanos y se empezaba a escuchar el mensaje grabado, entendí lo que estaba pasando. La voz decía que se había activado la alarma de incendios y que debía abandonar el edificio inmediatamente. Eran las 2 y media de la mañana...

Confiado en que se trataba de una falsa alarma, aguanté 5 minutos mientras me vestía. Cuando vi que la sirena no iba a dejar de sonar (y tampco iba a dejarme dormir) y que la gente de otros departamentos bajaba, decidí salir. En la escalera me crucé con una vecina de edad avanzada, que bajaba con su bastón y me dio mucha pena realmente. Cuando llegué a la puerta del edificio, me encontré con otras 20 caras de dormidos.

Al ratito llegaron los bomberos, que por el despliegue parecía que iban a apagar un incendio en una fábrica de productos químicos: 3 camiones y dos camionetitas más. El tema es que los 10 apagafuegos (?) que se bajaron, enfilaron caminando despacito con cara de "yo no me quería levantar". Ahí supuse que tal vez no era tan grave el asunto, más allá de que nunca llegué a creer que se trataba de algo serio, bajé más por curiosidad que por otra cosa (y para dejar de escuchar la alarma, jeje).

Los muchachos miraron un poco por aquí, un poco por allá, salieron, preguntaron algo sobre una peluquería en la parte de atrás del edificio y 15 minutos después nos dejaron entrar de vuelta a nuestras camitas. Obviamente que me costó un rato dormirme, en parte porque la aventura me desveló, y en parte porque no estaba realmente seguro que estuviéramos fuera de peligro, jeje. A eso de las 3.15 escuché un breve ruido de alarma que interpreté como la reactivación de la misma, y concilié el sueño tranquilito. ¿Qué pasó realmente? Ni la menor idea, pero lo que es seguro, como diría el Indio Solari, es que "No lo soñé, eeeehhhhh".

A esta altura se estarán preguntando por las chicas. Las 3 aseguran no haber escuchado la alarma. Teniendo en cuenta el volumen que llevaba esa cosa (los parlantes están dentro del departamento) y la poca gente que había abajo, la conclusión que sacamos es que sólo sonó en el segundo piso. Estoy pensando seriamente en volverme al séptimo, jeje.

Hablando de falsas alarmas, Caro fue bastante más temprano a la oficina, para participar de una llamada que... nunca se realizó. No fue la única que se clavó igual, ojo. El resto del día fue más de lo mismo, o tal vez lo sentí así porque con todo lo que me había pasado ya tenía material suficiente para escribir estas líneas...

Antes de terminar, una aclaración, y la felicitación para Ari, que se percató de la omisión. Era tan obvio para mí que lo de ayer había sido un partido de baseball, que se me olvidó el detalle de mencionar de qué deporte se trataba... Sepan disculpar, jeje... Gracias por estar!!

lunes, 11 de julio de 2011

Día 37 - Lanza la bola, chico

La mañana arrancó un poquito acelerada, sobre todo cuando vi la hora en el despertador que un rato antes había escuchado y apagado... Ducha rápida, salida en tiempo récord y llegada unos minutitos tarde a la oficina, donde las chicas empezaban a preguntarse por qué no aparecía (se ve que me quieren al final, jeje).

Como todos los lunes, llegó el turno de la reunión de equipo, después de un desayuno en el que Elen y yo ligamos cookies gratis porque se cocinaron 5 minutos más de lo debido (estaban buenas igual, jeje). Esta vez Ari se camufló para no ser la primera en hablar y en consecuencia me tocó a mí ser el vocero, o al menos el que chamuya para que después los otros 3 repitan, jeje. Nos enteramos de las novedades de todos los demás, y volvimos a nuestros cubículos.

El resto del día, así como también serán los próximos, los dedicamos a estudiar los productos que se comercializan en los países a los que teóricamente estaríamos viajando. Esperemos que no nos los vuelvan a cambiar, porque si no esta tarea la estaríamos haciendo al divino botón (no digo al pedo porque queda feo, no es el estilo de este blog, je).

A la salida nos estaba esperando Tim. Nos subimos a su auto y atravesamos el estado (es chiquito igual Delaware, no se asusten) para ir a buscar a su hija mayor a un restaurante, donde conocimos a su esposa y a su hija menor (pura ternura). De allí, junto con la niña, enfilamos derechito para el estadio, adonde jugaron los Wilmington Blue Rocks contra los Pelicans de vayaunoasaberdónde.

Como cualquier espectáculo yanqui, lo que pasaba afuera de la cancha tenía más onda que lo que pasaba adentro. Por ejemplo la comida, que en nuestro caso fueron panchos (sin papas pay, nooooo) y papas fritas, salvo Elen que pidió nachos. O las boludeces que hacen entre entrada y entrada, desde cantar canciones para niños (había un montón) hasta concursos de quién come un sandwich más rápido. Sí, eso que están pensando, estoy de acuerdo...

En cuanto al partido en sí, podría hacer un comentario periodístico pero no creo que a nadie le interese demasiado. Sólo voy a decir que ganamos 3-2, porque sé que alguno lo va a preguntar. Yo por mi parte rescato haber descubierto que el juego no es tan aburrido como pensaba, logré entenderlo un poco más gracias a las explicaciones de Tim, pero así y todo se me hizo un poco largo. Una de las chicas estaba sentada al lado mío y declaró haberse pegado el embole de su vida, pero no lo divulguen demasiado, jeje. Habría que avisarle que en dos semanas vamos de vuelta, jajajaja (la próxima es por un torneo más copado, apuesto a que la vas a pasar mejor...).

Tim nos llevó de vuelta a los departamentos y cada uno se fue al suyo. Lo primero que hice cuando entré fue prender la tele, y disfrutar (esta vez sí, jeje) del segundo tiempo de Argentina-Costa Rica. Después Skype, mucho Twitter y a preparar el departamento, que mañana tengo limpieza por un lado y desinfección por el otro.. Gracias por estar!!

domingo, 10 de julio de 2011

Día 35 y 36 - Indocumentados

Las chicas querían titular esta entrada como "Losers", por la cantidad de cosas que nos pasaron durante el fin de semana, pero a mí me gustó más este encabezado, que resume la forma en la que nos hicieron sentir en la bella ciudad de Ocean City, en el estado de Maryland, al que todavía no tenemos claro si algún día regresaremos...

Ayer por la mañana madrugamos, y unos minutos más tarde de las 7 de la mañana (no hay error de tipeo, a esa hora arrancamos para evitar el tráfico) estábamos arriba del auto camino a nuestro primer fin de semana en la playa. Llegamos en algo más de 2 horas, un muy buen tiempo, gracias a las habilidades automovilísticas de Caro.

Dejamos el auto en el hotel, y como todavía no podíamos hacer el check-in, nos fuimos directo a la playa. Nos teníamos que encontrar con el resto del grupo (Barry, Malik, Santosh, Murali, Mike, Jen y Sara, amiga de Jen) pero no aparecieron hasta el mediodía, así que nos tiramos un rato en la arena a descansar y luego Caro, Elen y yo salimos a dar una caminata. Después de 3 pasos, metí mi pie en un pozo que, a pesar de las risas de todos (incluida la mía) bien podría haberme torcido un tobillo. Ahora pienso si ese accidente no fue una señal de lo que vendría...

Después con Elen y Ari nos fuimos a dar un paseo por la hermosa costanera, para almorzar y refugiarnos del sol. Fue pizza para mí, ensalada para las chicas y helado para todos. Al volver, dejamos los bolsos en la habitación, tras una odisea que no entra en el relato por cuestiones de edición, jeje. Bajamos a la playa, más relax y una pasadita por el mar, que estaba buenísimo. Frío al entrar, temperatura ideal después de un par de minutos y unas olas que no tienen nada que envidiarle a las mejores épocas de Las Toninas...

A eso de las 6, agarramos el auto para ir a Seacrets, un bar copiado de uno de Jamaica, con vista a la bahía y la puesta del sol, y que supuestamente está buenísimo. Ahí arrancaron los problemas. Primero, a Malik y a mí no nos dejaron pasar por nuestra vestimenta: él tenía puesta una camiseta de básquet y yo la suplente de la selección de fútbol, con el número 14 en la espalda.

Hasta ahí todo fenómeno. Nos estábamos yendo a cambiar en su BMW (tipo na...) cuando recibimos un llamado diciendo que a las chicas tampoco las dejaban entrar, sencillamente porque la tierna ley del estado de Maryland dice que la única identificación no estadounidense que aceptan es el pasaporte. No registro, no cédula, no fotocopia del pasaporte, no todo eso junto. Pasaporte nomás, que por supuesto había quedado en Wilmington, como corresponde. Dejo planteado el debate: ¿Discriminación, xenofobia, miedo a las identificaciones falsas o simplemente hinchapelotez/hijoputez? Ustedes dirán, yo creo que es un poquito de cada una, jeje.

Nos volvimos a la playa, esta vez para celebrar el 9 de julio con un delicioso mate argentino... y un poco de reggaetón, el mismo que sonaba en la casita de Tucumán en 1816... (?) Cuando el sol se fue y empezó a refrescar algo, volvimos para el hotel. Ducha, cena con pizza de delivery y a salir para Macky´s, otro bolichón donde calculábamos que iban a dejarnos pasar. La anécdota divertida de la noche fue el viaje de ida, en el que compartimos un taxi... ¡entre 11! Para colmo, el taxista miraba para atrás en vez de para adelante y cantaba las canciones con nosotros... Sublime!

La parte mala de la noche fue que en Macky´s tampoco nos dejaban entrar sin pasaporte. Ahí nos enteramos que era ley estatal y no capricho del otro bar. No hubo forma de convencer al pelado de bigotes que se la daba de capo, y así el grupo se separó en dos: los argentinos indocumentados nos volvimos caminando y masticando bronca. Bronca mayor aún cuando caímos en la cuenta de que sin el pasaporte tampoco pudimos comprar cerveza en una estación de servicio. Looooosers...

En nuestro segundo intento, un vendedor se apiadó de nosotros y nos vendió la birra "sólo" con registro y copia del pasaporte. Las llevamos a la playa (ya sin Caro, que se fue a dormir), a pesar de que sabíamos que no se podía, pero cuando vimos acercarse las luces de un vehículo huímos de ahí y llevamos el equipaje a la costanerita, donde en teoría sí podíamos tomar una cerveza y mirar el mar.

Error. Apareció un playmobil disfrazado de policía, que debía tener unos 8 ó 9 años, y con una sonrisa irritante nos preguntó la edad, nos pidió los documentos (acá sí que no les jodía que no tuviéramos pasaporte, je) y nos dio un warning (advertencia) porque al parecer no se puede tener botellas abiertas de bebidas alcohólicas en espacio público. Traducido, sería: no birra in the calle, my amigo. Con la anécdota a cuestas y una indignación a prueba de balas, nos fuimos a terminar la cerveza al balcón del hotel.

Hoy nos levantamos temprano, desayunamos, hicimos el check out y bajamos a la playa a tomar mate, esta vez compartido con todo el resto. Las caras de asco de la mayoría al probar nuestra bebida nacional (perdón, fernet, jeje) son impagables. El resto de la tribu se fue alrededor del mediodía, mientras que nosotros pasamos el resto del día en la playa y sobre todo en el agua (estaba hermosa nuevamente), sólo parando para almorzar.

A eso de las 7, dejamos la arena, nos cambiamos y encaramos el regreso. Antes de abandonar la ciudad las chicas pararon a comprar algo para comer, y yo las esperé sentado detrás del volante, con la baliza puesta. Otro error. Un cartel de no detenerse que nunca vimos, otro patrullero con ganas de molestar, y como resultado de todo esto queda nuestra primera multa en tierras estadounidenses. "Menos mal que estabas manejando vos, porque si era alguna de nosotras armábamos un escándalo terrible y hubiera sido peor", fue el comentario que recibí de una de las chicas. La bronca igual no nos la saca nadie...

Después de este pequeño último incidente, ahora sí emprendimos el viaje de vuelta, sin mayores complicaciones. Ah, para cerrar el fin de semana loser, acabo de comerme los camarones más feos de la historia del mundo. En fin, mañana comienza otra semana, y esperemos que la próxima playa que nos toque visitar tenga más onda... Gracias por estar!!

viernes, 8 de julio de 2011

Día 34 - Luz, cámara, acción

Mucha, pero mucha acción. Reunión a la mañana, reunión a la tarde, las cosas que finalmente parecieran empezar a aclararse con respecto a nuestro futuro, al menos en lo que se refiere a las tareas que vamos a realizar en el corto plazo y tal vez en el mediano. Podría ser también que haya noticias en cuanto a fechas y destinos, pero esas no las van a ver acá hasta que no estén 100% confirmadas, y tal vez ni siquiera entonces, je.

El almuerzo, por tercer día consecutivo, se realizó en nuestros respectivos departamentos. Esta vez, teniendo en cuenta que es viernes, yo hubiera preferido salir a almorzar todos juntos, pero no tuve quórum, jeje. Dos sandwiches de jamón y queso más luego estaba de vuelta en la oficina, para una reunión que se adelantó peligrosamente y a la que casi llegamos tarde...

El diluvio que nos atrapó a la salida parecía que iba a atentar contra la idea que teníamos de aprovechar el viernes wilmingtoniano para hacer algo distinto, pero por suerte no fue así. Esperamos a que la lluvia afloje un poco y con Ari decidimos hacer una visita al cine, que teníamos pensada hacía tiempo. Caro y Elen se quedaron, vaya uno a saber haciendo qué (ojo, prometieron ir al gimnasio...).

Agarramos a Focusín, enfilamos para el lado de la 202, donde está la movida al parecer, y después de un pequeño desorientamiento (agarramos para el sur en vez del norte, pero recapacitamos y retomamos enseguida, jeje) llegamos a Regal Cinemas. La película que queríamos ver ("Horrible Bosses") estaba agotada, por lo que el descarte nos depositó en "Bad Teacher", con Cameron Diaz y Justin Timberlake.

Los críticos especializados (o sea, nosotros dos, jeje) la calificaron como "medio pelo" y "buena para cag.rse de risa un rato", pero la mejor parte es que a pesar de que no tenía subtítulos (obviamente) entendimos casi todo lo que se decía. Y cuando no, nos reíamos con el resto para no quedar mal, jajaja. La cuestión es que descubrimos una alternativa copada para las tardes, sobre todo para más adelante cuando haga frío y no dé para hacer nada...

A la salida, aprovechando que es viernes, fuimos a cenar a Friday´s (?). Salmón y camarones para la señorita, mientras que yo ataqué unas "ribs" con salsa barbacoa, en homenaje a mi primo Lean, que por cierto está soltero y es un gran partido, chicas...

Ahora, cuando debería ir a dormir, tengo que ponerme a armar el bolso, porque mañana muuuuy temprano salimos para Ocean City, a ponerle un poco de playa a este viaje... Gracias por estar!!

jueves, 7 de julio de 2011

Día 33 - Cambio de planes

Me gusta el texto de hoy (¿cómo es qué te gusta si todavía no lo escribiste, Diego?) porque por el título pareciera que voy a hablar de algo que todos (algunos, al menos) están esperando que hable, pero en realidad voy a hablar de cualquier otra cosa y se van a sentir decepcionados... No debería gustarme el texto por eso, pero qué se le va a hacer, jeje...

La cuestión es que este día L-37 fue durante el horario de oficina prácticamente como cualquier otro. Tuvo un hecho destacado por la mañana temprano, pero no lo puedo contar hasta no tener la autorización de la protagonista. Lo dejo librado a su imaginación, pero la palabra clave para entender lo que pasó es "almohada". Capisci?

Para el almuerzo volvimos cada uno a su departamento, en mi caso porque tenía la comida preparada pero me olvidé de llevarla a la oficina. Pasa que siempre me levanto con tiempo de sobra y no sé con qué llenarlo, jeje.

Por la tarde, además de laburar con Prophet, tuvimos un par de reuniones que detallaremos en los días sucesivos... (Jenni, si estás leyendo, este párrafo va dedicado a tí, jeje).

El tema central era ver qué hacíamos después de trabajar. El plan A era ir a dos negocios que teníamos pendiente ir, el B era ir al Christiana Mall, el shopping que está acá cerca y que visitamos uno de los primeros días. La fiaca, actividades pendientes en casa y la probabilidad de lluvia (finalmente no concretada) nos hacían dudar a todos, sobre todo a Ari y a mí.

Después de varios cambios de opinión decidí bajarme de la excursión. Ari se había excluido también, después decidió que iba porque le interesaba el plan A, pero volvió al equipo de los sedentarios cuando se enteró que Elen y Caro habían optado por el plan B. No me animo a asegurarlo, pero entiendo que finalmente las chicas fueron de compras, mientras los que quedamos nos fuimos al gimnasio. No hice casi ninguna de las cosas que tenía planeadas, pero viene siendo la constante desde que llegué, así que ya no me sorprendo, jajaja.

Mañana será la primera noche de viernes que vamos a pasar en Wilmington (exceptuando el primer viernes después de la llegada), veremos qué sorpresas nos depara... Gracias por estar!!

miércoles, 6 de julio de 2011

Día 32 - Qué mal juega la selección

Sí, ya sé que este espacio es para contar nuestras aventuras y no para opinar de fútbol. El tema es que acabo de volver de Public House, el barcito de acá abajo donde vimos el partido con Elen y Ari, y no puedo sacarme la idea de la cabeza. Decí que condimentamos el bodrio con nachos, papas fritas y alitas de pollo, porque si no creo que me iba en el entretiempo, jeje.

Un par de aclaraciones quiero hacer antes de continuar con el relato del día L-38. Lo que conté ayer sobre la cantidad de visitas, eran 1.500 entradas a la página, no necesariamente 1.500 personas distintas. Pensé que estaba claro, pero se ve que no, je... Lo otro, es que cambié la configuración del blog para que cualquiera pueda dejar comentarios, sin necesidad de tener cuenta en Gmail ni nada, así que ahora no tienen excusas... Los escuchamos...

La mañana nos recibió con una noticia: otra vez parece que cambian nuestros planes futuros. Ya no tomamos nada como confirmado, así que simplemente seguimos a la espera de definiciones, mientras nos adentramos más y más en el viejo y querido Prophet.

A la hora del almuerzo volvió cada uno a su departamento, a comer lo que habíamos comprado ayer en el súper y atender asuntos personales, como hacer llamadas por Skype o mirar "El elegido", que parece que está mejor que nunca... (?)

De regreso a la oficina, les llevé a las chicas su regalo por la semana de la dulzura. Mientras escribo estas líneas pienso que en ningún lado está escrito que los hombres tienen que darle golosinas a las mujeres y no viceversa, así que mañana tienen tiempo para reivindicarse, jajaja.

A la salida hubo tiempo para la siesta, ya sea voluntaria como en el caso de Ari, o involuntaria en mi caso, que me quedé dormido en el sillón mirando la tele, jeje. Cuando reaccioné bajé para el gimnasio y me encontré con Elen y con Caro, que si no me equivoco tiene el récord de asistencias.

Después vimos el partido, pero eso ya lo conté arriba y no vale ni la pena volver a mencionarlo, jajaja. Sí se merece un comentario la moza, que le puso toda la onda para atendernos, y sobre todo para cambiar el canal de la tele, sacar el baseball y poner el fóbal. Bien por ella, lástima que no sabía manejar el volúmen, así que tuvimos que ver el match con música de fondo...

Suena trillado porque lo digo todos los días, pero es la verdad más absoluta: gracias por estar!!

martes, 5 de julio de 2011

Día 31 - Comida China

Una semana más, la quinta desde nuestra llegada a la patria de Michael Jordan. Repito este tipo de datos porque no puedo creer la cantidad de tiempo que pasó, y la cantidad de cosas que hicimos. También hoy es el día L-39, pero a esta altura los fieles seguidores de este espacio ya lo sabían, jeje. Y ya que estamos discutiendo sobre números, les cuento que este blog ya fue visitado por más de 1500 personas en 10 países distintos. No pensé que escribía para tanta gente, me voy a empezar a cuidar con las que cosas que cuento, jeje.

Una nueva semana, decía, y otra vez a sumergirnos en el mar Prophet. La buena noticia en este caso es que descubrimos que el océano al que nos tiramos de cabeza podría llegar a tener agua. Traducido al castellano, nos juntamos a comparar resultados entre nosotros, y resulta ser que no estamos tan confundidos como pensábamos. O estamos todos igual de perdidos, pero al menos yendo por el mismo camino, jeje. Alguna de las chicas incluso llegó a usar la frase: "Ven que si nos ponemos las pilas, la cabeza nos da?". Por supuesto que nos da, por algo estamos acá... (?)

A la salida del laburo fuimos al departamento de Elen a hacer el rutinario intercambio semanal de fotos, previo paso por Walgreens a comprar galletitas. Acto seguido, agarramos a Focusín (si, bauticé al auto, y qué? Es en homenaje al gran Bartolomeo J. Simpson, alias Bart) y partimos hacia Shop Rite, para desbordar el chango y semi llenar nuestras más que vacías heladeras. freezers y alacenas.

A la noche el plato fuerte: Barry se sintió culpable por no atendernos el teléfono (ver post anterior) y nos invitó a su casa a cenar para festejar su cumpleaños. El menú? Comida china, de ahí el título, desde ya. Por suerte, vive con Murali en el piso 13 de nuestro edificio, así que no tuvimos que alejarnos demasiado, jeje. Llevamos un vino y el helado, y él se encargó del resto. Tomamos algo, cenamos y después nos llevó al techo del edificio, desde donde se aprecia una hermosa vista de Wilmington. La música no estaba muy fuerte, pero eso no le importó a la vecina que vino a quejarse. Mala onda...

Así se fue otro día, el primero de este segundo mes de aventuras... Estoy empezando a pensar que un día de estos debería acostarme temprano, jeje... No será mañana, que tenemos Copa América otra vez... Gracias por estar!!

lunes, 4 de julio de 2011

Día 27 a 30 - Holidays

A los feriados en Estados Unidos se les dice "holiday". Hoy fue feriado por el aniversario número 235 de la independencia del país, y eso nos permitió tomarnos un fin de semana largo en Nueva York. Holiday también significa vacaciones, y eso es lo que necesitaríamos todos, después de cuatro días locos a los que le pusimos mucho pero mucho ritmo. No esperen mucho nivel de detalle porque tendría que escribir una novela... pero acá va algo de lo que hicimos por estas horas.

El viernes después de almorzar (acá se sale más temprano en una ocasión así) agarramos el Focus y con Ari al volante salimos. Pese a nuestros miedos por el tráfico llegamos a NY en 2 horas, pero era tal el despelote en Manhattan, que tardamos casi 2 horas más en cruzar la ciudad y llegar al estacionamiento.

Sin bajar los bolsos, salimos a recorrer. Las chicas se fueron al Met (Metropolitan Museum) y yo salí a dar una vuelta por ahí, para llegar con tiempo a Nevada Smiths, un bar de la Tercera Avenida, donde nos reencontramos todos para ver el debut de Argentina en la Copa América. Un sótano, muchos televisores, buena onda, poco clima de cancha y un partido mediocre.

Luego con Barry y un amigo fuimos a comer pizza, y de ahí a un bar, con el hermano y la cuñada de Barry sumados al grupo. La noche se hizo larga, y más tarde enfilamos para distintos bares con distintas gentes (sí, sí, así con "s" final, jeje).

El sábado nos levantamos muuuy tempranito y salimos a caminar por los barrios del sur de la isla: Soho, ChinaTown, Little Italy, Noho y Nolita. Arrancamos Vicky, Elen, Caro y yo, después se sumó Ari y Jime se quedó en el departamento. Almorzamos en Subway, paramos para bañarnos y volvimos a salir.

Esta vez el destino fue Top of The Rock, el mirador ubicado en el piso 70 del Rockefeller Center. Personalmente me gustó más que el Empire State por tres razones: tiene mejor vista del Central Park por estar más cerca, tiene vidrios en vez de rejas para facilitar la visión hacia afuera... y se puede ver el Empire State, cosa que en el Empire State no pasa, jeje.

De ahí a Broadway, donde vimos una excelente presentación de Mary Poppins, que hizo llorar a uno de nosotros en la parte más alegre. Además otro del grupo casi es expulsado por sacar fotos cuando no se podía, y un tercero casi es asesinado por hacer ruido con un paquete de caramelos...

La cena posterior fue en el barrio Meatpacking, en un restaurante recomendado por el papá de Vicky, que nos encantó. Compartimos 5 platos, todos de comida tailandesa, india, o algo parecido, jeje. De ahí a dormir, ya no dábamos más. Y faltaba tanto...

El domingo amaneció con lluvia torrencial. Los que nos le animamos al chaparrón partimos para el Museo de Historia Natural. Un pequeño accidente ferrioviario (léase, nos perdimos en el subte, jeje) nos recortó tiempo para ver un museo que pinta muy interesante por lo poco que vimos.

Con la lluvia a cuestas partimos hacia Woodbury Common, un outlet monstruoso ubicado a una hora de distancia de la ciudad. Bien asesorado por las chicas, no me costó trabajo encontrar el camino, a pesar de las condiciones climáticas. Lo que sí terminó siendo una odisea fue conseguir estacionamiento, porque el lugar desbordaba de gente pese a su tamaño y porque las chicas estaban desesperadas por bajarse para empezar con el shopping, jeje. Finalmente lo logramos, corriendo por las malas a una chica que le estaba reservando el lugar al auto de su novio. Otra vez será, jeje.

Seis horas después, el baúl estaba cargado con eletrónica, joyas, accesorios, calzado y toneladas de ropa. La intención era partir luego para el cumpleaños de Barry en su casa de Nueva Jersey, pero nunca nos pudimos comunicar con él para que nos dé las indicaciones, así que emprendimos el regreso a la gran manzana.

De camino a los departamentos cruzamos a Brooklyn y comimos en la famosa pizzería Grimaldi´s, un poco a las apuradas porque ya estaban cerrando, jajaja. Un ratito en el mirador, y a la camucha.

Esta mañana temprano nos encontramos, desayunamos en Dunkin Donuts y salimos sin rumbo fijo. La primera parada fue la calle Broadway, donde finalmente nadie compró perfumes. Después, mientras Jime y yo fuimos a ver la oficina de correos y el Madison Square Garden (cerrado por refacciones) las chicas hacían tiempo entrando a algunos negocios. ¿O ellas entraron a los negocios mientras yo hacía tiempo con Jime? Algo así era, jeje.

Subte, y a hacer una recorrida exhaustiva por el Central Park, previo paso por el Dakota Building, donde lo mataron a Lennon. Nos introdujimos en la hermosa y extensa superficie del parque, sacamos fotos, almorzamos, seguimos caminando, heladito y salimos.

Entramos al local de Nike de la Quinta Avenida (tiene 5 pisos y está buenísimo, lástima que los precios no acompañan, je) y después otro subte para ir hasta el puente de Brooklyn. Esta vez sí lo cruzamos caminando, aunque no hasta el final (si alguien pregunta, sí lo terminamos de atravesar, shhhh, jeje).

Para concluir el fin de semana, fuimos a Century 21, ooootro shopping, aunque ya la mayoría no tenía energías ni para caminar. Ari, que era la más despierta, tomó nuevamente el volante y en tiempo récord nos depositó nuevamente en Wilmington, donde mis ojos están terminando de cerrarse mientras escribo estas líneas.

Como cierre, les recuerdo que faltan 40 días para que venga Leandro y les confieso que hoy caímos en la cuenta de que hace exactamente un mes estábamos arriba de un avión viniendo para acá. Cómo pasa el tiempo, no? Gracias por estar!!