"Ya nos vamos, nos vamos muy contentos, quisiéramos quedarnos pero no tenemos tiempo", decía una canción que me hacían cantar de chiquito, por ejemplo al volver de los campamentos de la escuela. Analizándola 20 años después me doy cuenta que encierra una gran contradicción, puesto que si nos quisiéramos quedar, entonces tan contentos no nos estaríamos yendo, verdad?
En nuestro caso no sólo es que no quisiéramos quedarnos, sino que además no podríamos, ya que este sábado se nos vence el plazo legal de 90 días para permanecer en Rumania sin necesidad de una visa. Así las cosas, son nuestras últimas horas en el país: si todo sale bien mañana a eso de las 9 de la mañana estaremos abordando el vuelo número sarasa de la línea aérea mondonguito con destino a Madrid. Ahí tendremos una pequeña (?) escala de 12 horas que aprovecharemos para recorrer la ciudad, seguramente con algo más de profundidad que a la ida. Diferencia horaria mediante, el viernes por la mañana estaremos aterrizando en nuestra ciudad natal, para reencontrarnos con los nuestros, burocratizar (?) un ratito y, como siempre, seguir laburando.
Estos últimos días fueron la excusa perfecta para hacer todo, valga la redundancia, por última vez. Ayer, por ejemplo, con Ari nos despedimos de la oficina. Emotiva ceremonia con Catalin y Marius, a quien hubo que explicarle varias veces que mientras acá es invierno en Argentina es verano y viceversa. Bueno, che, no es fácil, jeje. Después, a expreso pedido mío (gracias Ari) acudimos al restaurante italiano frente al laburo, para decir arrivederci (?) a un violento plato de fideos. Dato no menor, es que durante el camino de regreso al hotel nos acompañó una temperatura de 2 grados bajo cero y una sensación térmica de -6º. No, lo que vamos a extrañar el frío... (Agarraron el sarcasmo, no? jeje)
Hoy le devolví el favor y la acompañé (sí, yo me sacrifico, jajaja) a almorzar a KFC, para repetir la proeza del sábado. Acto seguido, volví al shopping a cambiar la remera que no pude cambiar el otro día. Me pasó algo increíble: elegí una más barata (en realidad agarré la primera que se me cruzó, resultó ser más barata, jeje) y... ¡me devolvieron la diferencia en efectivo! Only in Rumania, baby... (?)
Mientras tanto, Caro asistió a 741 clases de spinning en apenas 48 horas, y quedó cerca de batir un récord mundial, pero no podrá ser por esta vez... Contó además que se tuvo que ir del desayuno porque se autoavergonzó (?) de algunas cosas que hizo, pero no vamos a dar detalles porque nos encanta que ustedes piensen cualquier cosa... =P
Se acabó entonces... Como me dijeron hace poquito: "Si te regalan un crucero por la Costa Azul pero antes te obligan a pasar 2 días en Bucarest lo pensás dos veces". No sé si es para tanto, pero estoy contento de volver a mi Buenos Aires querida... El próximo posteo seguramente será desde Wilmington, Estados Unidos, en una nueva etapa de esta bonita aventura, y ya muy cerca del día 200, guau! Lo dije muchas veces, pero no me canso... Gracias por estar!!
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