viernes, 9 de diciembre de 2011

Día 185 a 188 - Cosas que me hacen feliz

A cambiar el ánimo, se ha dicho. Este relato venía bastante bajón, demasiado pesimista, muy depre... Es hora de una inyección de ánimo, de un shot de buena onda, de una pastillita de felicidad... No, no estuve leyendo a Ari Paluch ni a Claudio María Domínguez (por suerte, jeje). No, no estoy borracho ni drogado (ehhhh, por suerte... ????). Simplemente algunas cosas me hacen bien, y aquí las comparto con ustedes...

Empecemos por el principio: volver a Buenos Aires fue genial. Realmente lo necesitaba, y también las chicas, por supuesto. Si bien fui, de los 4, el que menos tiempo estuvo en Argentina (apenas 10 días), fueron vividos intensamente, repartidos los días entre amigos, familia, trámites, obligaciones laborales, y demases... A las chicas las vi poco, pero por lo que sé y por lo que me imagino, también deben haberla pasado muy bien...

Decía que fui el de estadía más corta, porque fui el primero en terminar con la burocracia, y por lo tanto el pionero para el regreso a Wilmington. El martes por la noche partí junto a mi madre y mi hermano para Ezeiza, y tras dos vuelos demorados, una escala en Miami y un desayuno en Starbucks (para ponerse a tono con la cultura, jeje) me estaba subiendo al auto de Phil (amigo ya, a esta altura...), quien me depositó en el departamento.

Segundo motivo de felicidad: volver a entrar fue casi como un regreso a casa, créase o no. Todo estaba en su lugar, descubrí con alegría que había dejado más ropa y más comida de lo que creía (sobre todo fue la comida lo que me alegró, jajaja) y, a pesar de una alarma de incendios floja de baterías que no dejó de sonar hasta que le cambiaron la pila, disfruté la paz "hogareña".

La tercera razón de mi contento es la gente. Ayer fue el turno de volver a la oficina, y por lo tanto de ver una vez más a "los sospechosos de siempre", que, para peor, encima se alegraban de verme, todo un contraste con Rumania... Decir "hola", que te devuelvan el saludo, y que encima te sonrían, no tiene precio... Además, ayer llegó Elen, lo cual es un dato no menor, ya que me permite tener alguien con quien hablar castellano, jeje. A pesar del frío, y de su convicción de que todo iba a estar cerrado, la llevé (?) a cenar a un coqueto restaurante italiano a un par de cuadras de acá, donde más allá del rico menú, la nota saliente es que el mozo se llamaba Diego... y no era yo, je. Agreguemos acá que el decorado navideño le sienta muy bien a la querida Market Street, y hace que no sea tan grave que oscurezca a las 5 y media de la tarde...

Otra cosa que me hizo sentir muy bien, y acá corro el riesgo de perder toda mi credibilidad, fue volver al gimnasio... Los que me vieron en Buenos Aires saben que lo andaba necesitando (=D), pero más allá de eso, es una caricia al alma... (?) Con decir que fui ayer y hoy, creo que está todo dicho... Esta tarde se sumó Elen, pero no coincidimos en el horario. Teniendo en cuenta la cantidad de gente, casi casi que tenemos un gimnasio privado, jajaja.

Agreguemos a la lista el placer de que la gente pida dedicatorias personales para aparecer en el blog, lo cual debe querer decir que hay alguno que otro que lee todo esto. No piensen que voy a responder a los miles (?) de pedidos de fama(???), pero sólo por hoy... Feliz cumple Jenni!!

Para terminar, lo más importante. Sí, adivinaron, la comida. A pesar del duro golpe que significó el cierre de Public House (sí, Caro y Ari, les aviso para cuando vengan que cerró el templo de las hamburguesas), volver a la chatarra yanqui ha representado un gran alivio para quien esto escribe. Subway, comida mexicana, una brutal pizza en Dominos que acaba de ser devorada, y lo mejor está por venir...

Mañana parece que hay fiesta, y el domingo seguramente lo dediquemos a descansar. Sí, señores, parece que me volvió el apetito redactor. Parece que acá en Wilmington sí pasan cosas... Gracias por estar!!

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