Hoy es uno de esos días. Sí, hacer esto cada 24 horas tiene un riesgo importante, y es que muchas veces nos vamos a encontrar con que no hay anécdotas interesantes para contar. Es cierto que más de una vez tiré el chamuyo de que todos los días pasan cosas, pero ustedes y yo saben que no es tan así. Todos los días pasan cosas, mas no que sean dignas de ser contadas. Peeeeero...
Siempre hay un pero. Como me enseñaron los amigos de Paso a Paso (mentira, ya lo sabía de antes, je), cuando los hechos no son lo suficientemente entretenidos, hay que poner el foco en otro lado, para que al menos la historia que uno va a relatar sea amena para (en este caso) el lector y no lo deje con la sensación de haber perdido unos minutos de su vida...
La cuestión es entonces dilucidar con qué lleno estas líneas. Podría contarles de mi proeza en la cinta del gimnasio, donde finalmente alcancé los 10 kilómetros y en apenas 50 minutos, pero sería bastante egoísta de mi parte, así que no. Caro y Elen también fueron al gym (Ari tenía planeado pasar más tarde) y seguramente realizaron sus propias hazañas, pero no las puedo contar sencillamente porque no las sé, jeje.
Del trabajo no hay mucho para contar, el día se nos fue entre lecturas, lecturas, más lecturas, una llamada que tuvo que atender Elen, y un ratito para empezar a preparar el próximo fin de semana. También recibimos la visita de Tu, supervisor del pueblo, que vino a chequear que estuviéramos haciendo las cosas bien y no tuviéramos preguntas de lo que estábamos leyendo. Por ahora no, le respondimos, pero ya vamos a tener... =P
Por descarte, nos queda el almuerzo. Ari se volvió al departamento, así que con Elen y Caro nos fuimos a Cactus Cantina, aquel restaurante mexicano que una vez nos habían recomendado Angela y Héctor. No teníamos del todo claro adónde quedaba, así que fuimos a ciegas hasta que finalmente dimos con el lugar. La decoración era más mexicana que el Chavo, pero la comida era menos mexicana que los bigotes de La Volpe (ex arquero, director técnico, busquen fotos, jeje). Igual comimos bien, y nos llenamos (acabo de darme cuenta que estoy repitiendo mucho este concepto, va a haber que aflojarle al morfi, jeje).
A la salida acompañé a Caro a buscar un cajero. El tema es que era uno en particular, no cualquiera... Pasamos por un Subway en el camino (sí, tenemos Subway a 5 cuadras de la oficina, gran noticia...) y finalmente dimos con el objeto de nuestro interés, que resultó estar en la recepción del Sheraton. El diálogo con el muchacho del mostrador fue desopilante. El tipo nos explicaba que no nos convenía usar ese cajero, que la zona estaba llena de bancos y que justo ese nos cobraba un adicional. Nosotros le retrucábamos que necesitábamos ese sí o sí (nunca entendí por qué, después lo chequeo con Caro, jajaja) pero evidentemente no nos hicimos entender del todo porque el pibe se terminó resignando y nos fletó con un contundente: "el cajero está por allá, suerte". O como diría mi amigo Javi, "nos vemo en los corso". Caro hizo lo suyo y nos retiramos silbando bajito...
Pensándolo bien, no sé si garpa la historia como para que sea el tema principal del día. El problema es que esto ya está escrito, es tardísimo y encima me están presionando por Facebook para que suba el material (igual te banco, eh, jajaja). Así que acá los dejo, espero que mañana pasen cosas más divertidas... Gracias por estar!!
Sin duda alguna, el título y tema principal debería haber sido Subway!!!!!
ResponderEliminarPero te queremos igual!!! jaja
Ya lo será cuando lo estrenemos debidamente, don´t worry, jajaja
ResponderEliminarYou mean Subway the trasportation or the sandwich shop?
ResponderEliminarGordinious!!