Tuve la reflexión mientras volvíamos, tarde a la noche. Sin el auto, sin nuestro querido Focusín, nuestra vida en Wilmington sería completamente distinta, seguramente mucho pero mucho peor. La zona en la que estamos muere después de las 5 de la tarde, y con el correr de los días fuimos descubriendo cada vez más y más alternativas, más opciones de cosas para hacer en otras zonas, a las que no llegamos caminando y ni da tomar bondi, je. Por lo menos esto aplica en estos meses de verano, ya veremos qué pasará cuando el frío y la nieve nos saquen las ganas de salir, jeje.
Para poner de manifiesto la utilidad, la necesidad mejor dicho, de contar con un vehículo propio, voy a pasar a relatar la tarde de hoy, ocurrida luego de otro día común y corriente en la oficina, leyendo, leyendo y leyendo.
Con Elen y Ari decidimos ir al cine, en este caso a ver Horrible Bosses, otra de esas películas "para pasar el rato" pero también "para cagarse de risa". Después de una siesta involuntaria en el sillón, bajé al garage, me sumé a las chicas y nos subimos al auto por primera vez. Agarramos la 202, y en un periquete (?) estábamos en la corta fila para sacar las entradas.
Tal como habíamos planeado, nos sobraba tiempo hasta la película, así que volvímos al tutú (segundo viaje) y fuimos a recorrer Target, una de esas gigantescas tiendas multirrubro que tan de moda están acá. La idea era comprar valijas, pero finalmente nada de eso: Elen compró unos zapatos y yo me llevé la biografía de Steven Tyler (aguante Aerosmith!!). Acto seguido, tercer viaje y de vuelta al cine para ver la peli, aunque antes no pudimos evitar la tentación y con Elen nos compramos unos nachos con cheddar para comer durante la movie. Por supuesto que los liquidamos durante los avances. Ahora lo entiendo a Homero... Ah, un detallecito: nunca nadie nos pidió la entrada ni controló que la tuviéramos. ¿Podríamos haber entrado gratis? Eso, es pensar como argentinos, jajaja.
Después de la función emprendimos nuestro cuarto viaje automotor, esta vez rumbo a The Melting Pot, un restaurante de fondue que nos habían recomendado y que también queda sobre la gloriosa 202. Claro, no contábamos con que eran las 10.15 de la madrugada, perdón, de la noche, y por lo tanto la cocina ya estaba recontra cerrada. El encargado se ofreció a prepararnos él mismo un postre, pero no era lo que buscábamos...
Por lo tanto, de vuelta a montarnos en Focusín (quinto viaje, a todo esto llovía bastante) y encaramos de vuelta para el norte, o sea más lejos de casa, hasta recalar en el conocido y siempre dispuesto Friday´s. Ahí le entramos al diente como locos, sólo después de que las chicas terminaron de decidir qué querían comer, jeje. Carne o pollo, camarones para todos, y hubo una que pidió Baileys digestivo...
La noche la cerramos con el sexto viaje, de regreso a The Residences. Vete a descansar, bello azul, has cumplido con tu trabajo... Gracias por estar!!
Me llama usted, entonces voy, don Foscusin es quien yo soy.
ResponderEliminarGordinious!!