Paradojas idiomáticas, este fin de semana en el que no volamos, se nos pasó volando. En una ciudad cada vez más gris y sin demasiadas alternativas para el entretenimiento, las opciones son bastante limitadas: trabajar (como hizo Ari), salir de shopping (como Elen y Caro) o mandarse 28 capítulos de House, como hice yo, jeje.
El tema está en que hace bastante que no escribía, desde el miércoles a la noche. ¿Qué pasó el jueves? Ya ni me acuerdo. Ah, sí ,sí, por problemas técnicos tuve que irme antes de la oficina y continuar trabajando desde el hotel, lo cual tiene las ventajas de vestirme como se me ocurre y poder tomar mate sin necesidad de trasladar todo el equipamiento, y la desventaja de no poder compartir más momentos con mis chiquiticas... (?)
El viernes casi nos deja una anécdota de novela, cuando Elen se dejó olvidada su computadora en la mesa del desayuno antes de salir para el trabajo. Por suerte para ella, pero lamentablemente para las intenciones de este blog (=P), nos percatamos del faltante justo a tiempo y pudo partir hacia el freezer (o la calle a las 8 y pico de la mañana, que tiene la misma temperatura...) con todos los elementos necesarios. A la noche íbamos a salir, o al menos eso pensaba yo, pero tuve menos quórum que la Coalición Cívica en el Congreso... (?)
Ayer después de desayunar salimos a dar una vuelta con Elen (apareció casi de sorpresa, pensamos que se había ido a pasar el día a otro lado) y Caro. En una hora y monedas, nos cruzamos con una procesión religiosa, un outlet de Nike que parece tener precios de outlet posta, una carrera de bicicletas y una exhibición de autos o algo así. ¿Quién dijo que no pasan cosas en Bucarest? Eso sí, lo que habíamos ido a buscar, que era el Parlamento, estaba cerrado... =S De regreso, las chicas hicieron una "pasadita" por el shopping y yo entré a mirar una muestra bastante pedorra llamada "El Arte de la lata", consistente en obras hechas principalmente con restos de recipientes de Red Bull. La mejor era la más simple: una jaula vacía, adentro una lata vacía y abollada, y un agujero en el techo de la jaula. Genial! (Se entendió, no? No me hagan tener que explicarla, jeje).
Después de una tarde a puro ocio (sólo interrumpida por un ratito de gimnasio) y luego de varios intentos fallidos, finalmente salimos. Ari se dio de baja, a Garry nunca lo pudimos ubicar, así que únicamente fuimos Caro, Elen y yo. La primera parada fue en el Hard Rock, donde por casualidad nos topamos con un recital tributo a los Beatles. Aceptable la banda, no más que eso. El tema es que por el evento estaba colapsado el lugar, y hasta que conseguimos una mesa ya había cerrado la cocina, por lo que nos quedamos sin comer...
Conscientes de que parar a cenar a esa hora (pasada la medianoche) era una sentencia de muerte para el resto de la velada, nos subimos a un taxi (cómo les gusta a los tacheros de acá cagar a la gente, qué bárbaro...) que nos alcanzó hasta la discoteca (?) Bamboo. Gran escenografía, mucha gente, mucho humo (de cigarrillo sobre todo), pero la próxima me pa que le llevo un CD de reggaetón al pasamúsica... (?)
Hoy puedo decir con orgullo que no salí del hotel en todo el día. Aplausos por favor, jeje. Después de desayunar miré la final del mundial de rugby, rechacé una invitación de Caro y Elen para ir nueeeevamente de shopping, me dormí una siesta gloriosa, y después de pasar un rato más con la compu, emprendí un viaje... hasta la planta baja, para cenar con Elen, jeje.
Para cerrar, me voy a poner serio un ratito. Quería mandarle un fuerte abrazo a un par de familiares y amigos que andan con algunos problemitas físicos, la mejor onda desde acá, espero que se mejoren... Gracias por estar!!
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