lunes, 3 de octubre de 2011

Día 118 a 121 - Negro Porvenir

Acá está el blog. Para los que preguntaban. Para esos que cuando reciben estas maravillosas piezas literarias (?) no dicen nada, pero apenas les falta el pan de cada día saltan y se enojan como Mauro Viale con Samid o viceversa... (?) Decía, vayan acostumbrándose a que tal vez no haya posteos todos los días: el ritmo de vida acá no es el mismo, no hay tantas cosas para contar, y sobre todo no es tan fácil ser original después de 4 meses...

Sí, mañana se cumplen cuatro meses desde aquella tarde de sábado en que nos despedimos por vez inicial de nuestros familiares para subirnos al primero de los cientos (?) de aviones que hemos tomado en este tiempo. Bebés que estaban adentro de panzas ahora están afuera (saludos a Santi), panzas que apenas asomaban ahora son enormes (no sólo embarazos, mi panza también ha crecido bastante, jajaja) y mucha agua ha pasado bajo el puente...

El fin de semana una vez más volvimos a dividirnos. Ari enfiló junto a su novio para Atenas, decidida a buscar los orígenes de su nombre y de paso a tratar de solucionar la crisis económica. No estoy al tanto si pudo lograr una o la otra, pero lo que es seguro es que volvió encantada. Mientras tanto, Elen también partió en busca de sus raíces, en este caso hacia Israel. Se metió al Mar Muerto, visitó el Muro de los Lamentos, y también quedó maravillada. Eso sí, me prohibieron contar la anécdota más jugosa. Los dejo imaginar... =)

Caro y yo estábamos sin destino, así que el viernes por la tarde nos juntamos en el ya clásico octavo piso a deliberar. Decidimos ir para el lado de Constanta, segunda ciudad en importancia del país, donde a orillas del Mar Negro se encuentra la playa Mamaia, teóricamente muy linda. Gran decisión tomamos, y fue la de no reservar hotel, jajajaja. Tres horitas de tren hacia el este, rogando que las nubes grises se disiparan antes de llegar, pero no fue así. Sumale el frío, que nos dejó a nosotros dos como únicos habitantes en ojotas, y el resultado no parece ser el mejor. Para colmo, después de andar casi 2 horas a pie para llegar a Mamaia, nos encontramos con una imagen de desolación correspondiente con la época del año (la temporada fuerte terminó en septiembre) pero no con lo que imaginábamos. El combo letal (?) lo completaba un sinfín de aguasvivas y medusas, algún que otro ave durmiendo una siesta eterna (?) a la orilla del mar, y un tendal de bares... cerrados.

Moraleja: almorzamos en Mc Donald´s y partimos raudamente a la estación de tren, para cambiar los boletos y huir de ahí lo antes posible. El final de fiesta fue un señor mayor (viejo del orto queda re feo, y jamás usaré esa frase, jajaja) que tenía frío, pero en vez de subir la temperatura del aire acondicionado la bajaba cada vez más, haciendo caso omiso a nuestros intentos de explicación (ay, la barrera idiomática...) y convirtiendo el compartimiento en una especie de frigorífico... No nos congelamos de milagro...

Ayer aprovechamos el día libre para ir al shopping aledaño al aeropuerto, pero no compramos más que unas antiparras que yo necesitaba para seguir con mi sueño de ser el nuevo Meolans. Luego cené con Garry, que asegura haber laburado bastante durante el fin de semana. Habrá que creerle...

Hoy volvimos a la oficina, pero para qué comentarles de eso, si no les interesa... ¿O sí? Más tarde una pasadita por el supermercado, y una sesión de gimnasio. Algunas de las chicas amenazaron con ir, tal vez lo hayan hecho antes que yo...

Cierro esta perorata (?) contando que mañana arranca la cuarta temporada de Banquete Cacumen. Para más detalles sobre este bonito programa de radio, busquenlo en Facebook, sigan a @banquetumen en Twitter, o lean banquete4.blogspot.com... Dicen por ahí que si no escuchás el programa, pasa Ricardo Fort por tu casa y se queda a tomar mate... Pensalo...

En fin, volveremos un día de estos, dependiendo del clamor popular =P... Gracias por estar!!

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