domingo, 4 de septiembre de 2011

Día 91 y 92 - Relax

Sé que en general este blog se suele escribir en forma cronológica, pero debería empezar contando que ayer nos encontramos al señor Van Varenberg... No, mejor no, eso lo cuento más adelante, y en vez de usar el nombre real del chaboncito lo llamo cómo se lo conoce... Para ensayar un resumen del fin de semana se podría decir que caminamos bastante, recorrimos la ciudad, pero más que nada descansamos para terminar de recuperarnos del largo viaje que tuvimos... hace tan solo una semana... Sí, parece mucho más, pero no.

Ayer por la mañana, después del ya clásico desayuno, Ari quería ir a la pileta pero la convencimos de ir a caminar. A pesar del calor, anduvimos un rato largo... Primero fuimos para un río que está acá cerca, pero la verdad es que se veía mucho más lindo en el mapa que en "persona", jeje. Luego visitamos el parlamento rumano, que según dicen es el segundo edificio más grande del mundo, detrás del Pentágono estadounidense (qué dato, eh, jajaja). Hay un tour para conocerlo por dentro, pero quedó para otro momento...

Dimos unas vueltas más por el centro, donde pudimos observar los contrastes entre lo nuevo y lo viejo, los ricos y los pobres, los edificios cayéndose a pedazos y las pantallas electrónicas modernosas... Interesante... El fixture marcaba Carrefour, pero a mí no me interesaba demasiado así que dejé a las chicas en el súper y seguí recorriendo Bucarest.

Al regresar al hotel, sobrevino la odisea por conseguir la pulserita de acceso a la pileta. En mi cuarto intento (ver post anterior) y tras 20 minutos de torturar a la recepcionista, me convencí de que no me iban a dar el brazalete, pero descubrí la forma de vencer al sistema. Consecuentemente lo fui a buscar a Garry, que sí puede pedir pulseritas... Pidió una más a su nombre y me la trajo hasta donde yo estaba almorzando (las chicas se saltearon la comida del mediodía) para que pudiera convertirme en "legal", jeje.

Decía entonces que bajé a la pileta con las chicas, para darme un chapuzón, morsear (?) en la reposera y leer un rato. En eso entra un flaco (es un decir) con bata y gafas, acompañado por un minón. Quien les habla tiene la maldita costumbre de buscar parecidos a todo el mundo, o sea que cuando lo vi entrar lo primero que pensé es: "Este pibe es igualito a...". Sólo que esta vez no era parecido, era el mismísimo Jean-Claude Camille Francois Van Varenberg, más conocido como Jean Claude Van Damme. Grossssssso. Lástima que me enteré recién en la cena que efectivamente era él, así que no lo pude desafiar a una pulseada... (?)

Al caer el sol, y después de tomar unos mates en el balcón de Elen, fuimos a tomar el micrito de dos pisos que te hace el city tour. Dimos la vuelta completa (50 minutos aproximadamente) para ver de qué se trataba y volvimos a nuestras habitaciones. Nos bañamos, nos pusimos lindos (?) y nos juntamos con Garry para ir a cenar a un restaurante libanés muy pero muy copado. Terminamos como a las 12, pero la noche era joven...

Averiguamos un poquito en la recepción y rumbeamos para Le Gaga, un boliche en el norte de la ciudad. El taxi de ida nos costó el doble que el de vuelta, algo me dice que nos pasearon un cachito, jajaja. Llegamos al club y el patova, que no hablaba una palabra de inglés (ni de rumano, creo, jeje) nos hizo una radiografía de pies a cabeza con los ojos, antes de decidir que sí, que nos podía dejar pasar. Nunca entendimos qué pasó, pero entramos, je.

El lugar era enorme, con varios sectores bien diferenciados, mucha gente por todos lados y mucha onda. Unas chicas ligeras de ropa (?) y un señor bailando arriba de una plataforma, botellas de champagne que iban de aquí para allá, y mucha onda. Mujeres pintadas como para ir a la guerra, hombres que bailaban con sus hijas (ah, no, acá me dicen que no eran las hijas, simplemente parecían, jajaja), y mucha onda. Nos quedamos un par de horas y nos fuimos, pero no sé por qué presiento que la noche daba para más...

Esta mañana (después del desayuno, obvio, jeje) volvimos a tomar el micrito del city tour, ya que los tickets valían por 24 horas. Subimos en la parada 5 y bajamos en la 8, donde había una iglesia ortodoxa que entramos a visitar. Menos mal que no nos vieron con shorcitos y polleras, si no creo que nos echaban, jajaja. El siguiente colectivo nos llevó hasta la parada 13, que alberga al parque Herastrau, el más grande de la ciudad.

Muy lindo, realmente, salvo un espacio desértico que anunciaban como jardín japonés y era... una polquelía, jeje. A mitad de camino perdimos a Ari, que eligió pileta. Con Elen bordeamos parte del lago (es enorme, ni daba hacer la vuelta completa) y almorzamos en el Hard Rock Cafe ubicado dentro del parque, al que prometemos volver con Ari, je. El tercer recorrido en el bus nos depositó en el hotel.

Mientras Elen se mandaba una monstruosa siesta, yo bajé a hacerle compañía a Ari a la pileta. No, esta vez no estaba JCVD... Para finalizar, cada uno fue a su habitación. Teniendo en cuenta la diferencia horaria, era el momento ideal para contactar con los nuestros, y así lo hicimos. Cerré la noche con servicio a la habitación. Buena noticia: hay supremas de pollo en Rumania. Mala noticia: me tocó la porción más chica de la historia... =S

A propósito de diferencia horaria, son 1.20 de la mañana, va siendo hora de dormir... Gracias por estar!!

1 comentario:

  1. Maldición...ese maldito de Van Varenberg los encontró. Qué demonios quiere el decendiente de Van Helsing de ellos? Debo deshacerme de el antes que arruine mis planes con el gordito de ojos verdes...

    ResponderEliminar